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06-Opiniones Personales

¿Magos, sabios, o profetas?

Por lualcaro - 2 de Enero, 2008, 21:25, Categoría: General

En la versión Reina Valera de 1960 (que los sud de habla hispana utilizamos) leemos sobre estos personajes lo siguiente:"Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos."(Mateo 2:1)  La identidad de estos personajes a creado cierta controversia en algunos cristianos porque en Deuteronomio 18:10-12 dice que el Señor abomina a los que practican la magia.(1)

Esta es la opinión de los eruditos biblicos:"Si bien parece contradictorio que practicantes de la magia (severamente amonestada tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento) sean admitidos como adoradores del Mesias, hay que tener en cuenta que el término griego μάγος (mago), no era utilizado únicamente para referirse a los hechiceros. Se utiliza, en este caso, para referirse a hombres sabios (así se los llama en diversas versiones de la Biblia en inglés) o, más específicamente, hombres de ciencia. Es usualmente aceptado que estos magos pertenecían a la religión zoroastrista."

Sobre este ultimo comentario el elder Bruce R. McConkie escribio:"la suposición de que eran miembros de la secta religiosa apóstata de los Magos de Persai es probablemente falsa. Más bien, parece que fuerón verdaderos profetas, o  personas justas como Simeón, Ana, y los pastores, a quienes la Deidad reveló que el Mesías prometido habia nacido entre los hombres. Es evidente que se encontraban en posesión de antiguas profecías acerca de la aparición de una nueva estrella en su nacimiento."(Comentario Doctrinal del Nuevo Testamento, 1:103).

En la version del Rey Santiago publicada por la Iglesia (que los sud de habla inglesa utilizan) ni dice magos sino wise men, que traducido al español es hombres sabios (Matt. 2: 1). En el diccionario biblico de esta misma versión en el encabezado Wise Men of the East (Hombres Sabios del Oriente) dice:"Mateo 2:1-12 establece que hombres sabios (¿cuántos? no se registra), guiados por una nueva estrella, llegaron a Belén para adorar a Jesús en algún momento después de su nacimiento. ¿Quiénes eran estos hombres no se nos dice, pero sí es cierto que no fueron hombres comunes. Que ellos tuvieran el privilegio de ir en la búsqueda del Hijo de Dios, de llevarle regalos, y que tuvieran conocimientos y sensibilidad espiritual, sugiere que en realidad fuerón profetas en una misión divina. La costumbre de identificarlos como astrólogos es una burda tergiversación. Eran evidentemente hombres santos de una tierra al este de Palestina.

Ademas de este instructivo comentario podemos encontrar bajo el encabezado de la palabra Magi (Mago) lo siguiente:"Llamados "hombres sabios" (Mateo 2: 1). Su identificación no es dada a conocer en las Escrituras, pero sí es claro que fueron hombres enviados en una misión como testigos de la presencia del Hijo de Dios en la tierra. Su capacidad espiritual es evidente: ellos pudieron ver la estrella cuando otros no, conocían su significado, y trajeron regalos al  pequeño niño, y  Dios les advirtió en un sueño regresar a su hogar por una ruta segura. Su conocimiento era preciso y exacto. Parece probable que fueran representantes de una rama de la Casa del Señor de un pueblo en algún lugar al este de Palestina, que habían llegado conducido por el Espíritu hasta el Hijo de Dios, y que han vuelto a sus pueblos para dar testimonio de que el Rey Emanuel en efecto habia nacido en la carne. No se nos dice cuántos sabios fueron, pero por lo general la tradición habla de tres, por los tres regalos: oro, mirra, e incienso. Si actuarón en calidad de testigos, tendrían por necesidad que haber sido dos o tres."  

Notas

1. En las escrituras la palabra magia se refiere a lo que hoy llamamos hechiceria o el Arte o ciencia oculta y no al inofensivo arte del Ilusionismo.      

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¿Y qué hay acerca de la pena de muerte?

Por lualcaro - 3 de Diciembre, 2007, 11:11, Categoría: General

Para sorpresa de muchos, la Biblia justifica, para algunos casos severos, la pena de muerte. Se trata de una ley decretada antes de Moisés, dada por Dios desde los tiempos de Adán (v. Génesis 9:6). Es por ello que Caín temió en un principio que cualquiera que le encontrase le quitara la vida. Abundan los casos en las Escrituras en que esta ley fue comentada (2 Ne. 9:35; 1 Juan 5:16) y practicada (Alma 1:15; 3 Nefi 4:27-28; Génesis 38:7-10; Levítico 10:2; Josué 7:24-25), pero siempre por la autoridad civil y no por la eclesiástica (a menos que estuviesen fusionadas en una sola persona, lo cual procuraba evitarse). No obstante, la ley de Jesucristo redujo significativamente las instancias de la ley de Moisés que la aplicaban, como puede observarse en el episodio de Cristo y la adúltera y en los cambios hechos a la ley en el Sermón del Monte. En estos casos, la pena de muerte pasó del terreno físico a su aplicación en el plano espiritual (Hebreos 10:28-31).

Es importante entender también lo siguiente: al someterse Cristo a la crucifixión, más allá del castigo prescrito por la autoridad romana, estaba sometiéndose también a una clase de pena capital en lugar de nosotros, estaba pagando "el justo por los injustos". Es decir, que la aplicación más severa de la ley de Dios hubiese demandado ese castigo a nosotros en lugar de a él. Es a través de este su sacrificio vicario que podemos nosotros obtener el perdón.

En tiempos modernos, el Señor ha dispuesto, en pasajes tales como la sección 134 de Doctrina y Convenios, que la controversia sobre asuntos jurídicos tales como la pena de muerte se deje al territorio civil (es decir, el Estado) y restringe a la Iglesia del poder para tocar la vida, libertad o propiedades de los individuos. En el caso de la comisión de delitos, la Iglesia debe recurrir a la autoridad civil y brindar todo el apoyo que se precise para el cumplimiento de la ley correspondiente. Véanse especialmente los versículos 4, 8 y 10 de la sección 134 de Doctrina y Convenios.

Para una relación completa y sumamente documentada de la pena de muerte a través de las escrituras y de por qué el amor y no la venganza debe de ser su regulador principal, véase el tomo I de "Doctrina de Salvación", de Joseph Fielding Smith, págs. 127 a 131.

Parte de un articulo de JP Marichal publicado en Ezine SUD

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Los Judios y el Evangelio

Por lualcaro - 13 de Septiembre, 2007, 6:18, Categoría: General

Aunque el término Judío vie­ne del hebreo yehudi, "uno que per­tenece a Judá," se ha usado siempre para identificar a un grupo mucho más grande que los que pertenecen a la tribu de Judá. Los ciudadanos del Reino de Judá, fueron llamados judíos, sin importar cual era su afiliación tribal. Lehi e Ismael eran ju­díos aunque descendían de José. (Doctrina de Salvación, vol 3, pág. 247; 2 Ne. 3(1:.1;33:8); Pablo era judío pero su tribu era de Benjamín (He­chos 21:37-39; 22:3; Rom. 11:1; Filip. 3:.5); y los lamanitas del presente, remanentes que descienden de Lehi de la antigüedad, son judíos. (D. & C. 19:27, 57:4.) Cristo era judío y él enseñó que la "salvación viene de los judíos" (Juan 4:22). queriendo decir que a través de esa raza elegi­da habían venido los profetas, el sa­cerdocio y el Redentor mismo. Nuestra Biblia actual ha llegado a nosotros a través de los judíos. (2 Ne. 29.)

Judíos rebeldes se opusieron a nuestro Señor en su ministerio y fi­nalmente lo llevaron a la crucifixión. Después de esto fueron dispersados entre todas las naciones, pero "cuan­do empiecen a creer en Cristo," y se vuelvan a la rectitud, volverán a jun­tarse en el verdadero rebaño. (2 Ne. 30:7; 25:15-18; 1 Ne. 19:13-173 La conversión de los judíos como pue­blo, sin embargo, no sucederá hasta después de la Segunda Venida del Hijo del Hombre. (D. & C. 4551-53; Zac. 12:10-14;13:6.)

Bruce R. McConkie

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Doctrina: Significado

Por lualcaro - 19 de Julio, 2007, 22:13, Categoría: General

Las doctri­nas son enseñanzas. Están clasifica­das en Verdaderas o falsas. La doc­trina Verdadera Viene de Dios, fuen­te de toda verdad y son las ense­ñanzas y conceptos hallados en el evangelio. Las falsas doctrinas vie­nen de abajo. Su fuerza está en per­vertir, cambiar y alterar la verdad revelada; así, al obedecer directivas falsas, los hombres no alcanzarán la salvación en el mundo celestial.

La doctrina Verdadera se halla siempre en la Iglesia Verdadera del Señor, porque el canal de comunica­ción entre Dios y su pueblo está abierto. Las falsas doctrinas abun­dan en iglesias que niegan la revela­ción contemporánea y por lo tanto no tienen una manera de comparar opiniones y conceptos para Ver si se ajustan a la Voluntad y pensamiento de la Deidad. Por supuesto que hay mucha Verdad en esas iglesias, pero esas iglesias que no tienen la pleni­tud del evangelio, tienen mucho error y falsedad mezcladas con las Verdades. Y la plenitud de la salva­ción puede llegar solamente a los que creen y se ajustan a la plenitud de la doctrina revelada del Señor.

La doctrina del evangelio es sinó­nimo de las Verdades de salvación que comprenden credo, enseñanzas y teorías verdaderas halladas en las escrituras; incluye principios, pre­ceptos y filosofías reveladas de reli­gión pura; en sus pliegues están en­vueltos los dogmas proféticos, máxi­mas y pensamientos; los Artículos de Fe son parte y porción de ella y también lo son cada palabra inspira­da de los agentes del Señor.

La doctrina de salvación está re­gistrada en las escrituras. (2 Tim. 3:14-17.) El Libro de Mormón ha sa­lido en estos días para que los hom­bres puedan "aprender doctrina." (Isa.29:24; 2 Ne. 27:35.) La Biblia y el Libro de Mormón "crecerán junta­mente para confundir las falsas doc­trinas." (2 Ne. 3:12.) Para que los "puntos verdaderos" de la doctrina del Señor puedan ser conocidos nue­vamente, el Verdadero evangelio ha sido restaurado (D. Y C.10:62); y es­tos puntos Verdaderos de la doctrina se hallan ahora en la Iglesia verda­dera. (D. Y C. 11:16.)

La Verdadera doctrina de Cristo es que todo hombre Venga a él, gane fe, se arrepienta, se bautice, reciba el Espíritu Santo y persevere hasta el fin para ganar la salvación. (2 Ne. 31:17-21; 3 Ne.11:29-41; D. Y C. 10:67; 68:25.)

La conversión a la Verdad Viene con la aceptación de la doctrina ver­dadera. (1 Ne.15:15; 3 Ne. 21:6.) Se espera que los así convertidos "ha­blen ... por doctrina" (1 Cor. 14:6); "enseñéis el uno al otro la doctrina del reino" (D. Y C. 88:77); "se per­feccionen en el entendimiento de su ministerio, en teoría, en principio y en doctrina" (D. Y C. 97:14); a "obrar en doctrina (D. Y C. 101:78); y a aprender más doctrina por reve­lación del cielo. (D. Y C.121:45-46.)

En el análisis final, la verdad de la doctrina puede saberse solamente a través de la revelación alcanzada como resultado de la obediencia. "Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió," proclamó nuestro Señor. "El que quiera hacer la Voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta." (Juan 7:16­17.) Se han puesto apóstoles y profetas en la Iglesia con el propósito de enseñar e identificar la doctrina ver­dadera, para evitar que el hombre sea "llevado por doquiera de todo viento de doctrina." (Efe 4:11-14.) Si una iglesia no tiene profetas y após­toles, entonces no hay forma de sa­ber si sus doctrinas son falsas o ver­daderas. "Cualquiera que se extra­vía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que perse­vera en la doctrina de Cristo, ese sí tiene al Padre y al Hijo." (2 Juan 9.)

La falsa doctrina es del diablo (1 Tim. 4:1; D. Y C. 10:63; 46:7), y los hombres que la predican lo hacen "por causa de las riquezas y los ho­nores." (Alma 1:16.) No hay salva­ción en la creencia o enseñanza de doctrinas falsas. "Pues en vano me honran enseñando como doctrina mandamientos de hombres." (2 Tim. 4:3.)

La apostasía surge de la enseñan­za de falsas doctrinas. Nefi describió nuestro actual mundo religioso di­ciendo: "Si, habrá muchos que de esta manera enseñarán falsas, vanas y locas doctrinas," y especificando que "A causa del orgullo, y a causa de falsos maestros sus iglesias se han corrompido." Hablando de to­do el mundo dijo: "Todos se han ex­traviado, salvo unos pocos que son humildes discípulos de Cristo; sin embargo, son guiados de tal manera que a menudo yerran porque son enseñados por los preceptos de los hombres."

Y entonces agrega esta frase te­rrible: "Y todos aquellos que predi­can falsas doctrinas, . . . ¡ay, ay, ay de ellos, dice el Señor Dios Todopo­deroso, porque serán arrojados al infierno!" (2 Ne. 28:5-15.)

Bruce R. McConkie (Doctrina Mormona)

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