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04-La Doctrina del Reino

Profundizar en lo basico

Por lualcaro - 12 de Junio, 2008, 19:39, Categoría: General

"Prediquen los primeros principios del Evangelio; predíquenlos una y otra vez: encontrarán que día tras día se les revelarán nuevos conceptos y luz adicional. Ustedes podrán estudiarlos más a fondo a fin de comprenderlos claramente, y entonces podrán impartirlos de tal manera que sean más claros para las personas a las que enseñen" (Hyrum Smith, "History of the Church", tomo VI, pág. 323).

Cita de EzineSUD

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La Sucesión en la Presidencia de la Iglesia

Por lualcaro - 28 de Enero, 2008, 21:27, Categoría: General

pte-hinckley.JPG

Este domingo 27 de enero fallecio nuestro amado profeta el presidente Gordon B. Hinckley. El suguiente articulo tiene el proposito de ayudarnos a instruir a los miembros de la Iglesia sobre el asunto de la sucesión en la Presidencia de la Iglesia.

La Doctrina Oficial de la Iglesia sobre este tema es muy claramente explicada por el Elder Bruce R. McConkie en la siguiente cita:

"A cada apóstol que es apartado como miembro del Consejo o Quó­rum de los Doce les son dadas las llaves del Reino (D&C 172:14‑32); Discurses of Wilford Woodruff pp. 71‑77). Ya que las llaves significan el derecho de presidir y el Reino de Dios en la tierra es la Iglesia, resulta que cada apóstol que es apartado re­cibe el inherente poder y autoridad para presidir sobre la Iglesia y diri­gir todos sus asuntos.

La totalidad de esas llaves puede ser utilizada en la eventualidad de que un apóstol llegue a ser el profeta  de Dios sobre la tierra. A menos que así suceda, habrá siempre al­guien por encima de él para dirigir sus obras. El apóstol mayor es siempre elegido y apartado como Presidente de la Iglesia, y a través de este sistema de sucesión apostólica, el Señor ha previsto la continuación y preservación de su Reino en la tierra (Doctrina de Salvación, pág. 136‑150).

El Quórum de la Primera Presi­dencia es el supremo cuerpo gober­nante de la Iglesia, pero los Doce forman un Quórum "igual en autori­dad y poder" a ellos, significando que cuando no hay Primera Presi­dencia de tres hombres, entonces los Doce vienen a ser la Primera Presi­dencia en lo que ellos pueden ejercer toda la autoridad y el poder previa­mente reservado a la Presidencia. En el mismo sentido, los setenta (enten­diendo por esto el primer Quórum de los Setenta, un cuerpo de 70 hom­bres) forman un quórum igual en autoridad al del Consejo de los Doce (D&C 107:22‑30). "El deber de los Doce Apóstoles de la Iglesia" dice el Pdte. Joseph F. Smith, "es predicar el evangelio en el mundo, enviarlo a los habitantes de la tierra y dar testi­monio de Jesucristo el Hijo de Dios, como testigos vivientes de su divina misión. Este es su especial llama­miento y están siempre bajo la direc­ción de la Presidencia de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ul­timos Días, cuando esta cabeza está intacta, y nunca hay, al mismo tiem­po, dos cabezas iguales en la Iglesia nunca. El Señor nunca ordena tal cosa, ni la designa. Hay siempre una cabeza en la Iglesia, y si la Presiden­cia es removida por muerte u otra causa, entonces la siguiente cabeza de la Iglesia son los Doce Apóstoles, hasta que sea organizada una nueva Presidencia de tres personas, Sumos Sacerdotes que tengan el derecho de sostener el oficio de la Primera Presidencia sobre la Iglesia." (Gospel Doctrine, 5th, ed. pp 177‑178.)

La sucesión apostólica era el or­den de la Iglesia en el meridiano de los tiempos. Los registros del Nuevo Testamento sin embargo son tan fragmentarios que no podemos tra­zar en detalle los sucesos que ocu­rrieron en esa época. Pero ha sido preservado lo suficiente como para dar una clara y razonable impresión de lo que tuvo lugar. Nuestro Señor llamó y ordenó a los doce apóstoles originales, dando las llaves del reino a cada miembro del quórum (Mat. 16:19; Jn. 15:16; 18:18.) Pablo enseñó simplemente: que los apóstoles esta­ban para continuar en la verdadera iglesia hasta el Milenio, esa época en la que todos los hombres serán con­vertidos y en la que la necesidad de enviar el mensaje del evangelio al mundo no existirá más (Efe. 4:11‑16; Jer. 31:31‑34.) Matías reemplazó a Judas en el Consejo de los Doce (Hech. 1:15‑16.) "Pablo fue un após­tol ordenado, e indudablemente él tomó el lugar de uno de los otros hermanos en ese Consejo." (Doctri­na de Salvación, vol. 3 p.144; 1 Tim. 2:7; 2 Tim. 1:11; Ti t. 1:1). Bernabé (Hech. 14:14) y "Jacobo, el hermano del Señor" (Gal. 1:19), ninguno de ellos que fueron contados entre los apóstoles originales, son también nombrados apóstoles. Con la venida de la gran apostasía, nunca fueron ocupadas las vacantes en el Consejo de los Doce, y cuando el último apóstol cesó en su ministerio entre los mortales, las llaves del reino no fueron ejercidas nunca más y la así llamada Iglesia Cristiana no fue más la Iglesia del Señor. Las vacantes fueron también lle­nadas en los Doce Nefitas hasta el día en que la apostasía alcanzó esta rama de la casa de Israel (4 Ne. 14)". Ver Sucesión en la Presidencia en Doctrina Mormona.

El siguiente video (disponible gracias a nuestros amigos de lamanitas) aunque esta en ingles es muy didactico.   

Online Videos by Veoh.com

Este es un segmento del mensaje dado por el Elder Boyd k. Packer en el Funeral del Presidente Gordon B. Hinckley sobre la  Sucesión en la Presidencia de la Iglesia.

(disponible gracias al grupo lamanita)

 Sucesión a la Presidencia.

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El poder del enseñar la doctrina

Por lualcaro - 15 de Diciembre, 2007, 0:50, Categoría: General

Conferencia General
abril de 1999

Élder Henry B. Eyring
del Quórum de los Doce Apóstoles

"Podemos enseñar aun a un niño a comprender la doctrina de Jesucristo. Por lo tanto, es posible que, con la ayuda de Dios, enseñemos la doctrina salvadora con simplicidad".

Élder Henry B. Eyring

Ha habido una guerra entre la luz y las tinieblas, entre el bien y el mal, desde antes que el mundo fuese hecho. Esa guerra todavía sigue y las víctimas parecen ir en aumento. Todos tenemos familiares a los que queremos y que están siendo abofeteados por las fuerzas del destructor que desea que todos los hijos de Dios sean miserables. Muchos de nosotros hemos pasado noches en desvelo [debido a eso]. Hemos intentado añadir todas las fuerzas del bien que hemos podido a los poderes que se arremolinan alrededor de las personas que corren peligro; personas a las que queremos. Les hemos dado el mejor ejemplo de que hemos sido capaces. Hemos rogado en oración por ellos. Un sabio profeta, hace ya mucho tiempo, nos dio un consejo acerca de otra fuerza que acaso subestimemos a veces, por lo cual la empleamos muy poco.

Alma era el líder de un pueblo que enfrentaba el peligro de ser destruido por enemigos despiadados. Al verse ante ese peligro, tuvo que escoger qué debía hacer entre varias posibilidades. Podía haber edificado fortificaciones o creado armamentos o adiestrado ejércitos. Pero su única esperanza de lograr la victoria era conseguir la ayuda de Dios y, para obtenerla, sabía que el pueblo debía arrepentirse. Por eso, decidió poner a prueba primero esto:

"Y como la predicación de la palabra tenía gran propensión a impulsar a la gente a hacer lo que era justo --sí, había surtido un efecto más potente en la mente del pueblo que la espada o cualquier otra cosa que les había acontecido-- por tanto, Alma consideró prudente que pusieran a prueba la virtud de la palabra de Dios" (Alma 31:5).

La palabra de Dios es la doctrina que enseñaron Jesucristo y Sus profetas. Alma sabía que las palabras de la doctrina tenían gran poder, que pueden abrir la mente de las personas para que vean las cosas espirituales, lo que no se ve con los ojos naturales. Y pueden abrir el corazón a los sentimientos del amor de Dios y del amor a la verdad. El Salvador se basó en esas dos fuentes de poder, en la sección dieciocho de Doctrina y Convenios, al enseñar Su doctrina a los que Él deseaba que le sirvieran como misioneros.

Leer más ... http://www.lds.org/conference/talk/display/0,5232,89-3-12-29,00.html

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El recogimiento del Israel disperso

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 19:10, Categoría: General

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

Ayudamos a congregar a los escogidos del Señor en los dos lados del velo.

Élder Russell M. NelsonMis amados hermanos y hermanas, gracias por su fe, por su devoción y por su amor. Compartimos la inmensa responsabilidad de ser quienes el Señor desea que seamos y de hacer lo que Él desea que hagamos. Somos parte de un gran movimiento: el recogimiento del esparcido Israel. Hablo hoy de esta doctrina por motivo de su singular importancia en el plan eterno de Dios.

El convenio de Abraham

En la antigüedad, el Señor bendijo al padre Abraham con la promesa de hacer de su posteridad un pueblo escogido1. Hay referencias a ese convenio a lo largo de las Escrituras. También se le hicieron las promesas de que el Hijo de Dios vendría por el linaje de Abraham, de que se heredarían ciertas tierras, de que naciones y pueblos de la tierra serían bendecidos por medio de sus descendientes, y aún más2. Aunque algunas partes de ese convenio ya se han cumplido, el Libro de Mormón enseña que ese convenio de Abraham ¡se cumplirá sólo en los últimos días!3. Además, subraya que nosotros nos encontramos entre los del pueblo del convenio del Señor4. Nuestro es el privilegio de participar personalmente en el cumplimiento de esas promesas. ¡Qué época tan emocionante para vivir!

Israel fue esparcido

Como descendientes de Abraham, las tribus del antiguo Israel tuvieron acceso a la autoridad del sacerdocio y a las bendiciones del Evangelio, pero, con el transcurso del tiempo, los del pueblo se rebelaron, mataron a los profetas y fueron castigados por el Señor. Diez tribus fueron llevadas cautivas a Asiria, desde donde se perdieron para los registros de la humanidad (obviamente, las diez tribus no están "perdidas" para el Señor). Las dos tribus que quedaron permanecieron un breve tiempo hasta que, a causa de su rebelión, fueron llevadas cautivas a Babilonia5. Una vez que regresaron, fueron favorecidos del Señor, pero una vez más, no le honraron: le rechazaron y le difamaron. El amoroso Padre, entristecido, juró: "os esparciré entre las naciones"6 y así lo hizo; entre todas las naciones.

Israel será recogido

La promesa de Dios del recogimiento del esparcido Israel ha sido igualmente categórica7. Isaías, por ejemplo, previó que en los últimos días el Señor enviaría "mensajeros veloces" a la esparcida "nación de elevada estatura y tez brillante"8.

Esa promesa del recogimiento, que se encuentra por todas las Escrituras, se cumplirá tan ciertamente como se cumplieron las profecías del esparcimiento de Israel9.

La Iglesia de Jesucristo en el meridiano de los tiempos y la apostasía

Antes de Su crucifixión, el Señor Jesucristo estableció Su Iglesia, la cual comprendió apóstoles, profetas, setentas, maestros, etc.10. Y el Maestro envió a Sus discípulos a todo el mundo a predicar Su Evangelio11.

Con el paso del tiempo, la Iglesia que estableció el Señor cayó en la decadencia espiritual. Sus enseñanzas fueron modificadas y sus ordenanzas, cambiadas. Llegó la gran apostasía como lo había predicho Pablo, quien sabía que el Señor no vendría "sin que antes [viniese] la apostasía"12.

Esa gran apostasía siguió el modelo que había puesto fin a cada una de las dispensaciones anteriores. La primera dispensación tuvo lugar en la época de Adán. Posteriormente, vinieron las dispensaciones de Enoc, de Noé, de Abraham, de Moisés y otras. Cada profeta tuvo el encargo divino de enseñar acerca de la divinidad y de la doctrina del Señor Jesucristo. En cada dispensación, esas enseñanzas tuvieron por objeto ayudar a las personas, pero la desobediencia de éstas tuvo como resultado la apostasía. De ese modo, todas las dispensaciones anteriores estuvieron limitadas tanto con respecto al tiempo como al lugar. Estuvieron limitadas con respecto al tiempo debido a que cada una terminó en apostasía, y estuvieron limitadas con respecto al lugar ya que se restringieron a un segmento relativamente pequeño del planeta Tierra.

La restauración de todas las cosas

Así vemos que era necesaria una restauración total. Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo llamaron al profeta José Smith a ser el profeta de esta dispensación. Todos los poderes divinos de las dispensaciones anteriores debían restaurarse por conducto de él13. Esta dispensación del cumplimiento de los tiempos no había de ser limitada en lo referente a tiempo ni a lugar, puesto que no terminaría en apostasía y llenaría todo el mundo14.

El recogimiento de Israel: parte integral de la restauración de todas las cosas

Como profetizaron Pedro y Pablo, todas las cosas habían de ser restauradas en esta dispensación. Por consiguiente, debe venir, como parte de esa restauración, el largamente esperado recogimiento del Israel disperso15. Es el preludio indispensable de la segunda venida del Señor16.

Esta doctrina del recogimiento es una de las enseñanzas importantes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El Señor ha dicho: "…os doy una señal… que recogeré a mi pueblo de su larga dispersión, oh casa de Israel, y estableceré otra vez entre ellos mi Sión"17. La salida a luz del Libro de Mormón es una señal para el mundo entero de que el Señor ha comenzado a recoger a Israel y a cumplir los convenios que hizo con Abraham, con Isaac y con Jacob18. No sólo enseñamos esta doctrina, sino que tomamos parte en ella. Lo hacemos al ayudar a congregar a los escogidos del Señor en los dos lados del velo.

El Libro de Mormón es fundamental para esta obra, pues proclama la doctrina del recogimiento19; motiva a las personas a aprender acerca de Jesucristo, a creer en Su Evangelio y a unirse a Su Iglesia. De hecho, si no existiera el Libro de Mormón, el prometido recogimiento de Israel no se llevaría a cabo20.

Para nosotros, el honrado nombre de Abraham es importante. Éste se menciona en más versículos de las Escrituras de la Restauración que en todos los versículos de la Biblia21. Todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días están vinculados con Abraham22. El Señor reafirmó el convenio de Abraham en nuestra época por medio del profeta José Smith23. En el templo, recibimos nuestras máximas bendiciones como descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob24.

La dispensación del cumplimiento de los tiempos

Esta dispensación del cumplimiento de los tiempos fue prevista por Dios como el tiempo del recogimiento, tanto en el cielo como en la tierra. Pedro sabía que, tras un período de apostasía, vendría la restauración. Él, que estuvo con el Señor en el Monte de la Transfiguración, dijo:

"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,…

"a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo"25.

En los tiempos actuales, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron enviados por el Señor con "las llaves de [Su] reino y una dispensación del evangelio para los últimos tiempos; y para el cumplimiento de los tiempos", en la cual Él juntaría "en una todas las cosas, tanto las que están en el cielo, como las que están en la tierra"26.

En 1830, el profeta José Smith supo del mensajero celestial llamado Elías, quien poseía las llaves para llevar a cabo "la restauración de todas las cosas"27.

Seis años después, se dedicó el Templo de Kirtland. Tras haber aceptado el Señor esa santa casa, vinieron mensajeros celestiales con llaves del sacerdocio. Se apareció Moisés28 y "entregó las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte.

"Después de esto, apareció Elías y entregó la dispensación del evangelio de Abraham, diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia serían bendecidas todas las generaciones después de nosotros"29.

En seguida, vino Elías el profeta y proclamó: "He aquí, ha llegado plenamente el tiempo del cual se habló por boca de Malaquías, testificando que él [Elías el profeta] sería enviado antes que viniera el día grande y terrible del Señor, para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y el de los hijos a los padres, para que el mundo entero no fuera herido con una maldición"30.

Esos sucesos ocurrieron el 3 de abril de 183631 y así se cumplió la profecía de Malaquías32. Se restauraron las sagradas llaves de esta dispensación33.

El recogimiento de las almas al otro lado del velo

Felizmente, la invitación a "venir a Cristo"34 también puede hacerse a los que han muerto sin conocimiento del Evangelio35. Parte de la preparación de ellos requiere la obra terrenal de otras personas. Recogemos datos para los cuadros genealógicos, preparamos registros de grupo familiar y efectuamos vicariamente la obra del templo a fin de recoger a las personas para el Señor y en sus familias36.

Participar en el recogimiento: un cometido por convenio

Aquí en la tierra, la obra misional es de importancia fundamental para el recogimiento de Israel. El Evangelio debe llevarse primero "a las ovejas perdidas de la casa de Israel"37. Por lo tanto, siervos del Señor han salido a proclamar la Restauración. En muchas naciones, nuestros misioneros han buscado a los dispersos de Israel; los han cazado "por las cavernas de los peñascos" y los han pescado como en los tiempos antiguos38.

La opción de venir a Cristo no depende del lugar donde se viva, sino que es asunto de dedicación individual. Las personas pueden "[ser llevadas] al conocimiento del Señor"39 sin dejar su tierra natal. Cierto es que, en los primeros días de la Iglesia, la conversión solía comprender también la emigración. Pero en la actualidad, el recogimiento se lleva a cabo en cada nación. El Señor ha decretado el establecimiento de Sión40 en cada lugar donde Él ha dado a Sus santos su nacimiento y su nacionalidad. Las Escrituras predicen que las personas "[serán reunidas] en las tierras de su herencia, y [serán establecidas] en todas sus tierras de promisión"41. "Cada nación es el lugar de recogimiento de su propia gente"42. El lugar de recogimiento de los santos brasileños es Brasil; el lugar de recogimiento de los santos nigerianos es Nigeria; el lugar de recogimiento de los santos coreanos es Corea, y así, sucesivamente. Sión es "los puros de corazón"43. Sión es cualquier lugar donde haya santos justos. Tanto las publicaciones como las comunicaciones y las congregaciones han llegado a tal punto de adelanto que casi todos los miembros de la Iglesia tienen acceso a las doctrinas, a las llaves, a las ordenanzas y a las bendiciones del Evangelio, vivan donde vivan.

La seguridad espiritual siempre dependerá de la forma en que se viva y no de dónde se viva. Los santos de todos los países tienen el mismo derecho a recibir las bendiciones del Señor.

Esta obra de Dios Todopoderoso es verdadera. Él vive. Jesús es el Cristo. Ésta es Su Iglesia, restaurada para llevar a cabo su destino divino, incluso el prometido recogimiento de Israel. El presidente Gordon B. Hinckley es el profeta de Dios hoy en día, y de ello doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. Véase Génesis 12:1–2; D. y C. 132:29–32; Abraham 2:6–11.

2. Véase Génesis 26:1–4, 24, 28; 35:9–13; 48:3–4; Juan 8:33, 39; Hechos 3:25; 1 Nefi 17:40; 2 Nefi 29:14; Jacob 5; Éter 13:7–8; D. y C. 52:2.

3. Véase, por ejemplo, 1 Nefi 15:12–18.

4. Véase 1 Nefi 14:14; 15:14; 2 Nefi 30:2; Mosíah 24:13; 3 Nefi 29:3; Mormón 8:15; D. y C. 133:26–34.

5. La tribu de Leví suministró los sacerdotes entre los del pueblo y no fue contada como tribu ni recibió heredad. A los dos hijos de José, Manasés y Efraín, se les dieron tierras por herencia y fueron contados entre las tribus en lugar de su padre José. Así se conservó la cantidad de doce tribus.

6. Levítico 26:33; véase también Jeremías 9:16.

7. Véase Génesis 22:16–18; 3 Nefi 20–22; Abraham 2:10–11.

8. Isaías 18:2, 7.

9. Véase Levítico 26:44; Deuteronomio 4:27–31; 28; 29; 30:2–5; Nehemías 1:9; Isaías 11:11–12; Jeremías 31:7–8, 10–12; Ezequiel 37:21–22; Amós 9:14–15; Mateo 24:31; Jacob 6:2; véase también Russell M. Nelson, "El éxodo se repite", Liahona, abril de 2002, págs. 30–39.

10. Véase Lucas 10: 1, 17; Efesios 4:11; Artículos de Fe 1:6.

11. Véase Mateo 28:19–20; Marcos 16:15.

12. 2 Tesalonicenses 2:3.

13. Véase D. y C. 128:18; 132:45.

14. Véase Isaías 27:6.

15. Véase 1 Nefi 15:18; véase también la portada del Libro de Mormón, segundo párrafo.

16. Véase D. y C. 133:17.

17. 3 Nefi 21:1.

18. Véase Génesis 12:2–3; 26:3–4; 35:11–12; y los encabezamientos de los capítulos 21 y 29 de 3 Nefi.

19. Las doctrinas referentes al esparcimiento y al recogimiento de la casa de Israel se encuentran entre las primeras lecciones que se enseñan en el Libro de Mormón: "…después que la casa de Israel fuese esparcida, sería de nuevo recogida… las ramas naturales del olivo, o sea, los restos de la casa de Israel, serían injertados, o llegarían al conocimiento del verdadero Mesías, su Señor y su Redentor" (1 Nefi 10:14).

20. Véase Bruce R. McConkie, A New Witness for the Articles of Faith, 1985, pág. 554.

21. Abraham se menciona en 506 versículos de las Escrituras; 216 se encuentran en la Biblia y 290 en las Escrituras de la Restauración.

22. El convenio también se puede recibir por adopción (véase Mateo 3:9; Lucas 3:8; Gálatas 3:26–29; 4:5–7; Abraham 2:9–10).

23. Véase D. y C. 124:58; 132:31–32.

24. Véase D. y C. 84:33–40; 132:19; Abraham 2:11.

25. Hechos 3:19, 21.

26. D. y C. 27:13. Pablo también profetizó de nuestra época que el Señor se había propuesto "reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Efesios 1:10).

27. D. y C. 27:6.

28. Es apropiado que Moisés, que fue el que condujo por primera vez a los hijos de Dios a la tierra de su herencia, haya sido el que entregó a la Iglesia restaurada las llaves del recogimiento de Israel. Moisés ministró a Pedro, Santiago y Juan en el Monte de la Transfiguración, y allí les confirió a ellos las mismas llaves del sacerdocio durante la época de éstos. En la conferencia de la Iglesia de abril de 1840, el profeta José Smith designó a Orson Hyde para que fuese a Jerusalén a dedicar la tierra para el regreso de los judíos y del Israel esparcido44. El domingo 4 de octubre de 1840, el élder Hyde se arrodilló en el monte de los Olivos y dedicó aquella tierra para el recogimiento de los judíos y de Israel en su antigua heredad.

29. D. y C. 110:11–12.

30. D. y C. 110:14–15.

31. Es notable el hecho de que Moisés, Elías y Elías el profeta hayan venido el domingo de la Pascua de Resurrección, al comienzo de la Pascua judía.

32. Véase Malaquías 4:5–6.

33. Véase D. y C. 110:16.

34. Jacob 1:7; Omni 1:26; Moroni 10:30, 32; D. y C. 20:59.

35. Véase D. y C. 137:6–8.

36. Véase 1 Corintios 15:29; 1 Pedro 4:6.

37. Mateo 10:6; 15:24.

38. Véase Jeremías 16:16.

39. 3 Nefi 20:13.

40. Véase D. y C. 6:6; 11:6; 12:6; 14:6.

41. 2 Nefi 9:2.

42. Bruce R. McConkie, en Conference Report, Mexico City Mexico Area Conference, 1972, pág 45.

43. D. y C. 97:21.

44. Véase 2 Nefi 9:2; 10:7–9; 25:16–17, 20; 3 Nefi 21:22–28; D. y C. 29:7–8.

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La restauración de todas las cosas

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 19:05, Categoría: General

Presidente James E. Faust
Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Creemos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una restauración de la Iglesia original que estableció Jesucristo.

Presidente James E. Faust Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos preocupamos por todos los hijos de Dios que viven o que han vivido sobre la faz de la tierra. "Nuestro mensaje", declaró la Primera Presidencia en 1978, "refleja el amor que sentimos por la humanidad y el interés en su bienestar eterno, sin importarnos sus creencias religiosas, su raza o nacionalidad, sabiendo sin lugar a dudas que somos hermanos y hermanas debido a que somos hijos e hijas del mismo Padre Eterno"1. Tal como el élder Dallin H. Oaks dijo hace unos años:

"La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene muchas creencias en común con otras iglesias cristianas, pero también tenemos diferencias, y son esas diferencias las que explican por qué enviamos misioneros a otros cristianos, por qué edificamos templos, además de las capillas, y por qué nuestras creencias nos brindan tanta felicidad y fortaleza para hacer frente a las dificultades de la vida y de la muerte"2.

Hoy deseo testificar de la plenitud del Evangelio restaurado de Jesucristo, la cual contribuye de manera positiva a las creencias religiosas de otras denominaciones, sean cristianas o no. Originalmente, esa plenitud fue establecida por el Salvador durante Su ministerio terrenal, pero entonces se produjo un alejamiento.

Algunos de los primeros apóstoles sabían que se produciría una apostasía antes de la segunda venida del Señor Jesucristo. De hecho, Pablo escribió a los tesalonicenses al respecto: "Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía"3.

Durante la apostasía se perdieron las llaves del sacerdocio, y algunas de las preciadas doctrinas de la Iglesia que organizó el Salvador fueron alteradas, entre las que destacan el bautismo por inmersión4; la recepción del Espíritu Santo mediante la imposición de manos5; la naturaleza de la Trinidad, respecto a que son tres Personajes diferentes6; que toda la humanidad resucitará merced a la Expiación de Cristo,"así… justos como… injustos7; la revelación continua, en cuanto a que los cielos no están cerrados8; y la obra del templo tanto por los vivos como por los muertos9.

El período siguiente se llegó a conocer como el Oscurantismo. Dicho alejamiento de la verdad fue predicho por el apóstol Pedro cuando declaró que "es necesario que el cielo reciba [a Jesucristo] hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo"10. La restitución sólo sería necesaria si se hubieran perdido esas cosas preciadas.

Durante los siglos siguientes, hombres religiosos admitieron que se había producido un alejamiento o una apostasía gradual de la Iglesia que organizó Jesucristo. Algunos de esos hombres padecieron enormemente por sus creencias durante la etapa que se denominó la Reforma, un movimiento del siglo XVI que tenía por objeto reformar el cristianismo occidental, lo cual desembocó en la separación de las iglesias protestantes de la corriente principal del cristianismo.

Entre aquellos reformadores estaba el reverendo John Lathrop, vicario de la Iglesia de Egerton en Kent, Inglaterra. Dicho sea de paso, el profeta José Smith es descendiente de John Lathrop. En 1623, este hombre dimitió de su cargo porque cuestionaba la autoridad de la Iglesia Anglicana para actuar en el nombre de Dios. Al leer la Biblia, se dio cuenta de que las llaves apostólicas no estaban en la tierra. En 1632 se convirtió en ministro religioso de una iglesia independiente e ilegal y fue encarcelado. Su esposa falleció mientras él estaba en la cárcel y sus hijos, huérfanos, suplicaron al obispo que lo liberara. Éste accedió a su liberación a cambio de que Lathrop dejara el país, lo cual hizo, y con 32 miembros de su congregación se embarcó con destino a los Estados Unidos11.

Roger Williams, pastor del siglo XVII que fundó Rhode Island, se negó a seguir como pastor religioso en Providence alegando que no había "ninguna iglesia de Cristo debidamente constituida sobre la tierra, ni persona alguna autorizada para administrar ninguna de las ordenanzas de la Iglesia, ni las [podía] haber hasta que [fuesen] enviados nuevos apóstoles por el gran Director de la Iglesia, cuya venida yo busco"12.

Ésos son tan sólo dos eruditos religiosos que reconocieron la existencia de una apostasía de la Iglesia organizada por Jesucristo y la necesidad de restaurar las llaves del sacerdocio, las cuales se habían perdido. El apóstol Juan vio en una visión la época cuando "[volaría] por en medio del cielo… otro ángel, que [tendría] el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo"13. Esta profecía se ha cumplido. Dado que nosotros creemos que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud por el profeta José Smith en nuestros días, deseamos dar a todos la oportunidad de conocer y aceptar este mensaje.

En la Iglesia restaurada contamos ahora con apóstoles, profetas, pastores, maestros y evangelistas, los cuales Pablo mencionó al dirigirse a los efesios14. El Salvador estableció esos oficios del sacerdocio cuando organizó Su Iglesia en el meridiano de los tiempos. Reconocemos los dos órdenes del sacerdocio y sus correspondientes oficios: el sacerdocio menor es el Sacerdocio Aarónico, nombre que recibe de Aarón; y el sacerdocio mayor es el Sacerdocio de Melquisedec, que recibe su nombre de Melquisedec, a quien Abraham pagó el diezmo. El Sacerdocio Aarónico fue restaurado el 15 de mayo de 1829 por Juan el Bautista, y el Sacerdocio de Melquisedec fue restaurado antes de haber transcurrido un mes por los apóstoles de la antigüedad, Pedro, Santiago y Juan, a José Smith y Oliver Cowdery. Por ello los poseedores actuales del sacerdocio afirman tener el poder para actuar en el nombre de Dios por medio del sacerdocio, "el poder que se respeta tanto en el cielo como en la tierra"15.

En el Templo de Kirtland, el 3 de abril de 1836, Moisés se apareció a José Smith y a Oliver Cowdery, y les entregó las llaves del recogimiento de Israel. Después, Elías se apareció y entregó la dispensación del Evangelio de Abraham, "diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia serían bendecidas todas las generaciones después de nosotros"16. Tras él se presentó Elías el profeta, quien les entregó las llaves de esta dispensación, llaves que incluyen el poder para sellar y atar en el cielo lo que se ate en la tierra en el interior de los templos17. De ese modo, los profetas de dispensaciones anteriores del Evangelio entregaron sus llaves al profeta José Smith en ésta, la "dispensación del cumplimiento de los tiempos", de la que habló el apóstol Pablo a los efesios18.

Me siento agradecido por que el Señor consideró establecer nuevamente la ley del diezmo y las ofrendas entre Su pueblo. Cuando guardamos la ley del diezmo, las ventanas de los cielos se abren de par en par para nosotros, y recibimos grandes bendiciones cuando tenemos la fe para observar dicha ley.

A lo largo de la historia de la tierra, la adoración en el templo ha sido una parte importante de la devoción de los santos, pues mediante ella muestran su deseo de acercarse más a su Creador. El templo fue un lugar de aprendizaje para el Salvador cuando se hallaba en la tierra; era parte integral de Su vida. Las bendiciones del templo vuelven a estar a nuestro alcance en la actualidad. Algo exclusivo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la enseñanza que relaciona los templos con la trascendencia eterna de lo que sucede en ellos. Tenemos templos majestuosos y hermosos en gran parte de la tierra, y en ellos se realiza una obra sumamente sagrada. El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho de ellos: "Hay muy pocos lugares en la tierra donde las preguntas del hombre sobre la vida reciban respuestas de la eternidad"19. Los solemnes misterios en cuanto a de dónde venimos, por qué estamos aquí y a dónde vamos obtienen una respuesta más plena en los templos. Vinimos de la presencia de Dios y estamos en la tierra para prepararnos para volver a Su presencia.

Pero mayor importancia tiene el que, dentro de los templos, los esposos y las esposas realizan convenios eternos sellados por la autoridad del sacerdocio. Los hijos que nacen de esa unión, si son dignos, pueden disfrutar de una relación eterna como parte de una familia y como hijos de Dios. El apóstol Juan escribió: "Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son?… Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo"20.

El Señor ha dicho que Su obra consiste en "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre"21, de lo cual se desprende que toda persona, viva o muerta, tendrá la oportunidad de oír el Evangelio, ya sea en esta vida o en el mundo de los espíritus. Pablo dijo a los corintios: "De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?"22. Por esa razón realizamos ordenanzas en los templos a favor de nuestros antepasados que han fallecido. No por ello se restringe la capacidad de elegir ni el albedrío de nadie. Aquellos por quienes se realiza la obra pueden aceptarla o no, como ellos decidan.

El apóstol Juan vio en una visión la época en que un ángel descendería a la tierra como parte de la restauración del Evangelio. Ese ángel fue Moroni, el que se apareció a José Smith y le indicó dónde se hallaban unas planchas de oro con escritos antiguos. José Smith procedió a traducir esas planchas por el don y el poder de Dios, y todo ello se publicó con el nombre del Libro de Mormón. Éste es un registro de dos grupos de personas que vivieron hace siglos en el continente americano. Poco se sabía de ellos antes de la publicación del Libro de Mormón, pero lo realmente importante es que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo que ha restaurado preciadas verdades relativas a la Caída, a la Expiación, a la Resurrección y a la vida después de la muerte.

Antes de la Restauración, los cielos habían estado cerrados durante siglos, pero con los profetas y apóstoles otra vez sobre la tierra, los cielos se abrieron de nuevo con visiones y revelaciones. Muchas de las revelaciones que recibió José Smith se publicaron en un libro que llegó a conocerse como Doctrina y Convenios, el cual arroja mayor luz sobre los principios y las ordenanzas, y constituye una valiosa fuente de consulta sobre la estructura del sacerdocio. Además, tenemos otro libro de Escrituras: la Perla de Gran Precio. Éste incluye el libro de Moisés, que José Smith recibió por revelación, y el libro de Abraham, que tradujo de un papiro egipcio que había adquirido. Aparte de obtener mucha más información sobre Moisés, Abraham, Enoc y otros profetas, de ambos documentos aprendemos muchos detalles adicionales sobre la Creación. Aprendemos que el Evangelio de Jesucristo se enseñó a todos los profetas desde el principio, incluso desde la época de Adán23.

Creemos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la restauración de la Iglesia original que estableció Jesucristo, que se edificó "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo"24. Esta Iglesia no procede de la división de ninguna otra iglesia.

Creemos que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud, pero éste no es motivo para que nadie se sienta superior a ningún otro hijo de Dios. Antes bien, ello conlleva una obligación mayor, como es la de aplicar la esencia del Evangelio de Cristo en nuestra vida, a fin de amar, servir y bendecir a los demás. De hecho, tal y como la Primera Presidencia declaró en 1978, creemos que "los grandes líderes religiosos del mundo como Mahoma, Confucio y los Reformadores, al igual que los filósofos como Sócrates, Platón y otros, recibieron una porción de la luz de Dios. Dios les concedió verdades morales para iluminar a naciones enteras y para llevar un mayor nivel de entendimiento a las personas"25. Por ello, respetamos las creencias religiosas sinceras de los demás y apreciamos que se tenga la misma cortesía y respeto por las creencias que nosotros valoramos.

Tengo un testimonio personal de la veracidad de los convenios, las enseñanzas y la autoridad restaurados por conducto del profeta José Smith. Esta certeza me ha acompañado toda la vida. Me siento agradecido por que la restauración de la plenitud del Evangelio tuvo lugar en nuestra época, pues en ella se halla el sendero que conduce a la vida eterna. Ruego que nos acompañen la fortaleza, la paz y el interés de Dios el Padre y el amor y la gracia eternos del Señor Jesucristo. En el nombre de Jesucristo. Amén.

Notas

1. "Declaración de la Primera Presidencia sobre el amor de Dios por todo el género humano", 15 de febrero de 1978.

2. "La Apostasía y la Restauración", Liahona, julio de 1995, pág. 95.

3. 2 Tesalonicenses 2:3; cursiva agregada.

4. Véase Marcos 1:9–10.

5. Véase Hechos 8:14–17; 19:3–6.

6. Véase Mateo 3:17; Hechos 7:55; D. y C. 130:22.

7. Hechos 24:15.

8. Véase Daniel 2:28; Amós 3:7; D. y C. 121:26.

9. Véase Abdías 1:21; Malaquías 4:6; 1 Corintios 15:29; Apocalipsis 7:15.

10. Hechos 3:20–21.

11. Véase Mark E. Petersen, The Great Prologue, 1975, págs. 34–35.

12. Véase William Cullen Bryant, editor, Picturesque America; or, the Land We Live In, 2 tomos, 1872–1874, tomo I, pág. 502; véase también LeGrand Richards, Una Obra Maravillosa y un Prodigio, pág. 26.

13. Apocalipsis 14:6.

14. Véase Efesios 4:11.

15. James E. Talmage, Artículos de Fe, pág. 227.

16. D. y C. 110:12.

17. D. y C. 110:13–16.

18. Efesios 1:10.

19. "Why These Temples?", Temples of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1999, pág.14.

20. Apocalipsis 7:13, 15.

21. Moisés 1:39.

22. 1 Corintios 15:29.

23. Moisés 5:58; 8:19; Abraham 2:10–11.

24. Efesios 3:20.

25. Declaración de la Primera Presidencia, 15 de febrero de 1978.

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La Creación

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 17:06, Categoría: General

Élder Russell M. Nelson
Del Quórum de los Doce Apóstoles

"En su magnificencia, el planeta Tierra es parte de algo aún más grandioso: es parte del gran plan de Dios. Abreviando, la tierra se creó para que las familias fuesen".

Élder Russell M. Nelson

Durante mucho tiempo recordaremos esta inspiradora conferencia en el nuevo Centro de Conferencias. No hace mucho, sólo había un hoyo profundo en el sitio donde se encuentra este edificio, y hemos observado su construcción con interés y asombro.

El proceso de la construcción es algo que realmente me conmueve, ya que, desde el diseño hasta su finalización, todo proyecto de construcción importante refleja la obra del Maestro Creador. De hecho, la Creación del planeta Tierra y de la vida en él es la base de toda aptitud creativa. Todo lo que el hombre crea es posible sólo gracias a nuestro divino Creador. La gente que diseña y construye recibe vida y capacidad del Creador; y todos los materiales que se utilizan en la construcción de un edificio son, después de todo, derivados de los ricos recursos de la tierra. El Señor declaró: ". . .la tierra está llena, y hay suficiente y de sobra; sí, yo preparé todas las cosas"1.

Es difícil para la mente mortal comprender la majestuosidad de la Creación. Es mucho más fácil para nosotros pensar en cosas buenas para comer o en cosas divertidas para hacer. No obstante, me gustaría que hiciéramos un esfuerzo mental a fin de pensar en cosas que sean más difíciles de alcanzar. La creación del hombre y de la mujer fue algo maravilloso y extraordinario2, del mismo modo que lo fue la creación de la tierra como el lugar de su morada mortal.

Toda la Creación fue planeada por Dios. Se convocó en el cielo un concilio en el cual nosotros participamos3. Allí, nuestro Padre Celestial anunció Su divino plan4, al cual también se le llama el plan de felicidad5, el plan de salvación6, el plan de redención7, el plan de la restauración8, el plan de la misericordia9, el plan de redención10 y el evangelio eterno11. La finalidad del plan es proporcionar a los hijos espirituales de Dios la oportunidad de progresar hasta alcanzar una exaltación eterna.

LOS COMPONENTES DEL PLAN

El plan requería la Creación, lo que, a su vez, requirió la Caída y la Expiación. Éstos son los tres componentes fundamentales del plan. La creación de un planeta paradisíaco provino de Dios12; la mortalidad y la muerte llegaron al mundo como consecuencia de la caída de Adán13, y la inmortalidad y la posibilidad de la vida eterna las suministró el sacrificio expiatorio de Jesucristo14. La Creación, la Caída y la Expiación se planearon mucho antes de que se comenzara en sí la obra de la Creación.

Un día, mientras visitaba el Museo Británico, en Londres, leí un libro sumamente inusual; no era un libro de Escrituras, sino que se trataba de una traducción de un antiguo manuscrito egipcio, del que paso a citar un diálogo entre el Padre y el Hijo. Refiriéndose a Su Padre, Jehová, el Señor premortal, decía:

"Tomó arcilla de las manos del ángel e hizo a Adán a Nuestra imagen y semejanza, y lo dejó recostado durante cuarenta días y cuarenta noches sin poner aliento de vida en él. Y cada día suspiraba junto a él, diciendo: 'Si pongo aliento de vida en este [hombre], deberá sufrir mucho dolor'. Y yo dije a Mi Padre: 'Pon aliento en él; yo seré su abogado'. Y Mi Padre me dijo: 'Si pongo aliento en él, Mi Hijo amado, te verás obligado a descender al mundo y sufrir mucho dolor por él antes de que lo hayas redimido y le hagas volver a su primer estado'. Y yo dije a Mi Padre: 'Pon aliento en él; yo seré su abogado y descenderé al mundo y cumpliré Tu mandato' "15.

Aunque esta cita no es de las Escrituras, confirma las que enseñan del profundo y compasivo amor del Padre por el Hijo y del Hijo por nosotros, testificando que Jesús se ofreció voluntariamente para ser nuestro Salvador y Redentor16.

El Señor Dios declaró: ". . .ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre17. Él, que bajo la dirección del Padre había creado la tierra, más tarde vino a la vida terrenal para hacer la voluntad de Su Padre18 y para cumplir con todas las profecías de la Expiación19, la cual redimiría a toda alma de los castigos de la transgresión personal, bajo las condiciones que Él estableció20.

LAS FASES DE LA CREACIÓN

Toda fase de la Creación fue bien planeada antes de que se llevara a efecto. Las Escrituras nos dicen que Dios el Señor creó todas las cosas. . . "espiritualmente. . . antes que existiesen físicamente sobre la faz de la tierra"21.

La creación física en sí se organizó durante etapas ordenadas de tiempo. En Génesis22 y en Moisés23, a estas etapas se les llama días, pero en el libro de Abraham, a cada período se le llama ocasión y vez24. Ya sea que se le llame un día, una ocasión o vez, o época, cada una de las fases consistió en un período entre dos eventos identificados, o sea, una división de la eternidad25.

El período uno comprendió la creación de los cielos atmosféricos y de la tierra física, la que culminó con el surgimiento de la luz y de la obscuridad26.

En el período dos se dividieron las aguas entre la superficie de la tierra y sus cielos atmosféricos, y se previó que las nubes y la lluvia dieran vida a todo aquello que luego estuviera sobre la tierra27.

En el período tres comenzó la vida vegetal en el planeta; se organizó la tierra para que produjera pasto, hierbas, árboles y vegetación, para que cada uno creciera de su propia semilla28.

El período cuatro fue un tiempo de mayor desarrollo, ya que se organizaron las luces en la extensión de los cielos a fin de que hubiera estaciones y otros medios para medir el tiempo. Durante ese período, se colocaron el sol, la luna, las estrellas y la tierra en una debida relación entre sí29. El sol, con su vasta provisión de hidrógeno, serviría como un gigante calorífico para proveer de luz y calor a la tierra y a la vida que hubiera en ella30.

En el período cinco se crearon los peces, las aves y "todo ser viviente"31. Y fueron hechos fructíferos y capaces de multiplicarse, tanto en el mar como en la tierra, cada uno según su especie32.

En el período sexto continuó la creación de la vida; se crearon las bestias de la tierra según su género, el ganado según su especie y todo lo "que se arrastra sobre la tierra", también, según su especie33. Entonces "los Dioses tomaron consejo entre sí, y dijeron: "Descendamos y formemos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza. . .

"De modo que los Dioses descendieron para organizar al hombre a su propia imagen, para formarlo a imagen de los Dioses, para formarlos varón y hembra"34. Y así formaron a Adán y a Eva35, y fueron bendecidos y se les dijo: "Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra"36.

Y el período siete fue designado como un tiempo para descansar37.

LA CREACIÓN TESTIFICA DE UN CREADOR

Testifico que la tierra y todo lo que vive en ella son de origen divino. La Creación no se hizo por casualidad, ni surgió de la nada. Y las mentes y las manos humanas que son capaces de construir edificios y de crear computadoras tampoco existen por casualidad. Dios nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos. ¡Pueblo suyo somos!38 La Creación misma testifica de un Creador, y no podemos desairar el toque divino en la Creación, porque sin nuestra agradecida percepción de la mano de Dios en la Creación, estaríamos tan ajenos a nuestro proveedor como lo está un pez en una pecera. Con profunda gratitud, hacemos eco a las palabras del salmista que dijo: "¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios"39.

EL PROPÓSITO Y EL DESTINO DE LA TIERRA

Esta tierra es sólo una de las muchas creaciones sobre las cuales Dios preside. "Y he creado incontables mundos", dijo Él, "y también los he creado para mi propio fin; y por medio del Hijo, que es mi Unigénito, los he creado"40. En su magnificencia, el planeta Tierra es parte de algo aún más grandioso: es parte del gran plan de Dios. Abreviando, la tierra se creó para que las familias fuesen; las Escrituras explican que marido y mujer "serán una sola carne, y todo esto para que la tierra cumpla el objeto de su creación"41.

Y como parte del planeado destino de la tierra y sus habitantes, también aquí han de ser redimidos nuestros antepasados fallecidos42. Las familias han de ser selladas por toda la eternidad43. Debe haber un eslabón conexivo entre los antepasados y sus descendientes. En nuestra época, debe haber una unión entera, completa y perfecta de todas las dispensaciones, llaves y poderes44. Y para este sagrado fin hay ahora templos santos en muchas partes del mundo.

Aunque nuestro entendimiento de la Creación sea limitado, sabemos lo suficiente para apreciar su divina trascendencia. Y en el futuro tendremos aún más conocimiento. Las Escrituras declaran: ". . .el día en que el Señor venga [otra vez], él revelará todas las cosas:

"cosas que han pasado y cosas ocultas que ningún hombre conoció; cosas de la tierra, mediante las cuales fue hecha, y su propósito y estado final;

"cosas sumamente preciosas; cosas que están arriba y cosas que están abajo; cosas que están dentro de la tierra y sobre la tierra y en el cielo"45.

Sí, habrá más luz y conocimiento. El Señor dijo: "Y también, si se han fijado límites a los cielos, los mares o la tierra seca, o el sol, la luna o las estrellas,

"todos los tiempos de sus revoluciones, todos los días, meses y años. . . y todas sus glorias, leyes y tiempos fijos, serán revelados en los días de la dispensación del cumplimiento de los tiempos"46.

Con el tiempo, "la tierra será renovada y recibirá su gloria paradisíaca"47. A la segunda venida del Señor, la tierra volverá a ser cambiada; volverá a su estado paradisíaco y será renovada; habrá un cielo nuevo y una tierra nueva48.

NUESTRAS RESPONSABILIDADES

Mientras tanto, hermanos y hermanas, debemos comprender nuestras importantes responsabilidades. Tanto las creaciones de Dios como las de los hombres nos enseñan la importancia de cada componente del plan. ¿Creen que se notaría la ausencia de un trozo de granito del exterior de este edificio? ¡Por supuesto que sí!

Lo mismo sucede con cada hijo e hija de Dios. No podemos permitir que "diga la cabeza a los pies que no tiene necesidad de ellos; porque sin los pies, ¿cómo podrá sostenerse el cuerpo?49 Así como "el cuerpo tiene necesidad de cada miembro"50, del mismo modo, la familia tiene necesidad de cada uno de sus miembros. Todos los miembros de la familia deben estar unidos, sellados "para que todos se edifiquen juntamente, para que el sistema se conserve perfecto"51.

La Creación es importante, pero no es el fin en sí, sino el medio para llegar a él. Hemos venido a la tierra por un breve período, para sufrir con paciencia nuestras pruebas y dificultades, y para prepararnos a fin de seguir adelante y en forma ascendente hacia el reencuentro final52. Nuestros pensamientos y hechos tendrán por seguro un mayor significado mientras estamos aquí si comprendemos el plan de Dios y agradecemos y obedecemos Sus mandamientos53.

En calidad de beneficiarios de la Creación divina, ¿qué debemos hacer? Debemos cuidar la tierra, ser mayordomos sabios de ella y conservarla para las futuras generaciones54. Además, debemos amarnos y cuidarnos los unos a los otros55.

Debemos ser creadores a nuestra manera, constructores de una fe individual en Dios, fe en el Señor Jesucristo y fe en Su Iglesia; debemos edificar familias y ser sellados en el santo templo; debemos construir la Iglesia y el reino de Dios sobre la tierra56; debemos prepararnos para nuestro propio y divino destino: la gloria, la inmortalidad y la vida eterna57. Estas bendiciones divinas pueden ser todas nuestras por medio de nuestra fidelidad.

¡Testifico que Dios vive! ¡Que Jesús es el Cristo y el Creador! Él es el Señor de toda la tierra. Él ha establecido Su Iglesia en éstos, los últimos días, a fin de llevar a cabo Sus propósitos divinos. José Smith es el gran profeta de la Restauración. El presidente Gordon B. Hinckley es Su profeta hoy en día, a quien apoyo con todo mi corazón, en el nombre de Jesucristo. Amén.

NOTAS

1. D. y C. 104:17.
2. Véase "The Magnificence of Man", Ensign, enero de 1988, págs. 64­69; "We Are Children of God", Ensign, noviembre de 1998, págs. 85­87.
3. Véase Enseñanzas del Profeta José Smith, págs. 430­431, 453.
4. Véase 2 Nefi. 9:13; Alma 34:9; Abraham. 3:22­27.
5. Véase Alma 42:8, 16.
6. Véase Jarom 1:2; Alma 24:14; 42:5; Moisés 6:62.
7. Véase Jacob 6:8; Alma 12:25­34; 17:16; 18:39; 22:13; 29:2; 34:16, 31; 39:18; 42:11­13.
8. Véase Alma 41:2.
9. Véase Alma 42:15, 31; 2 Nefi 9:6.
10. Véase 2 Nefi 11:5.
11. Véase Apocalipsis 14:6; D. y C. 27:5; 36:5; 68:1; 77:8­9, 11; 79:1; 84:103; 99:1; 101:22, 39; 106:2; 109:29, 65; 124:88; 128:17; 133:36; 135:3, 7; 138:19, 25; José Smith--Historia 1:34.
12. La revelación de los últimos días afirma que Miguel (conocido también como Adán; véase D. y C. 27:11; 107:54; 128:21) también participó en el proceso de la creación.
13. Véase 2 Nefi 2:25; Moisés 6:48; TJS Génesis 6:49.
14. Véase 2 Nefi. 2:21­28.
15. "Discourse on Abbatôn by Timothy, Archbishop of Alexandria", en Coptic Martyrdoms etc. in the Dialect of Upper Egypt, editor y traductor E. A. Wallis Budge (1914), pág. 482. Timothy, Arzobispo de Alejandría, murió en 385 de nuestra era. Véase también Liahona, abril 2000, pág.
16. Véase Juan 3:16; 10:14­15, 17­18.
17. Moisés 1:39.
18. Véase 3 Nefi 27:13.
19. Para un estudio exhaustivo de las profecías de los profetas concernientes a Cristo, véase D. Kelly Ogden y R. Val Johnson, "All the Prophets Prophesied of Christ," Ensign, enero de 1993, págs. 31­37; Liahona, abril de 1994, págs. 10­18.
20. Véase 2 Nefi. 9:20­27; Mosíah 26:21­23; D. y C. 138:19.
21. Moisés 3:5; véase 6:51.
22. Véase Génesis 1:5­23.
23. Véase Moisés 2:5­3:3.
24. Véase Abraham 4:8­5:3.
25. Abraham compara un día del tiempo del Señor a 1.000 años (véase Abraham 3:4).
26. Véase Génesis 1:1­5; Moisés 2:1­5; Abr. 4:1­5.
27. Véase Génesis 1:6­8; Moisés 2:6­8; Abraham 4:6­8.
28. Véase Génesis 1:9­13; Moisés 2:9­13; Abraham 4:9­13.
29. Véase Génesis 1:14­19; Moisés 2:14­19; Abraham 4:14­19.
30. Véase Henry Eyring, "World of Evidence, World of Faith", en Of Heaven and Earth, ed. y comp. David L. Clark, 1998, pág. 59.
31. Abraham 4:21.
32. Véase Génesis 1:20­23; Moisés 2:20­23; Abraham 4:22­23.
33. Véase Génesis 1:24­31; Moisés 2:24­31; Abraham 4:24­31.
34. Abraham 4:26­27.
35. Nótese que el Señor llamó al primer hombre y mujer "Adán" (véase Génesis 5:2; Moisés 6:9).
36. Génesis 1:28; Moisés 2:28; véase también Abraham 4:28; TJS, Génesis 1:30.
37. Véase Génesis 2:1­3; Moisés 3:1­3; Abraham 5:1­3.
38. Véase Salmos 100:3.
39. Salmos 104:24.
40. Moisés 1:33; véase también D. y C. 76:23­24.
41. D.y C. 49:16.
42. Véase D. y C. 128:15.
43. Véase D. y C. 2:2­3; 49:17; 138:48; JS­H 1:39.
44. Véase D. y C. 128:18.
45. D. y C. 101:32­34.
46. D. y C. 121:30­31.
47. Artículos de Fe 1:10.
48. Véase Apocalipsis 21:1; Éter 13:9; D. y C. 29:23­24.
49. D. y C. 84:109.
50. D. y C. 84:110.
51. D. y C. 84:110; véase también 1 Corintios 12:14­26.
52. Véase Salmos 116:15; Alma 42:8.
53. Véase D. y C. 59:20­21.
54. El Señor nos ha confiado el cuidado de la tierra. Él dijo: "Porque conviene que yo, el Señor, haga a todo hombre responsable, como mayordomo de las bendiciones terrenales que he dispuesto y preparado para mis criaturas. Yo, el Señor, extendí los cielos y formé la tierra, hechura de mis propias manos; y todas las cosas que en ellos hay son mías. Y es mi propósito abastecer a mis santos, porque todas las cosas son mías" (D. y C. 104:13­15; véase también Apocalipsis 7:3).
55. Véase Juan 13:34­35; 15:12; Romanos 12:10­13:8; Gálatas 5:13; 1 Tesalonicenses 4:9; 1 Juan 3:11­4:12; Mosíah 4:15; D. y C. 88:123.
56. Véase TJS, Mateo 6:38.
57. Véase Romanos 2:7; D. y C. 75:5; 128:12; 132:19­24.

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¿Qué pregunta la gente acerca de nosotros?

Por lualcaro - 24 de Febrero, 2007, 16:32, Categoría: General

Presidente Gordon B. Hinckley
Presidente de la Iglesia

". . .deseo exponer, de la forma más sencilla posible, mi respuesta a lo que la gente pregunta acerca de nosotros".

Presidente Gordon B. Hinckley

Mis amados hermanos y hermanas, es un gran honor para mí dirigir la palabra en esta ocasión.

Periodistas de los medios de difusión nos han entrevistado con frecuencia en estos días. Como muchos de ustedes sabrán, hace poco estuve en el programa televisivo Larry King Live. Accedí a hacerlo porque pensé que, aun cuando presentaba posibles riesgos, también era una gran oportunidad para hablar al mundo sobre temas de discusión con respecto a nosotros.

Durante la entrevista, el Sr. King me preguntó sin rodeos: "¿Cuál es su función? Usted es el líder de una religión importante. ¿Cuál es su función?

Le contesté: "Mi función es declarar la doctrina; ser un ejemplo ante la gente. Mi función es hablar en defensa de la verdad. Mi función es ser protector de aquellos valores que son importantes en nuestra civilización y en nuestra sociedad. Mi función es dirigir".

Esa respuesta fue improvisada; nunca esperé que me hiciera esa pregunta, pero con el espíritu de esa respuesta, me gustaría hablar esta mañana de una media docena de preguntas que siempre nos hace la gente de los medios de comunicación y de otras iglesias. En esta ocasión, mis respuestas deben ser necesariamente breves. Cada uno de esos temas es digno de todo un discurso.

He escogido las preguntas al azar, sin ponerlas en un orden especial con excepción de la primera. No deseo discutir con nadie. Respeto la religión de todo hombre y de toda mujer, y los honro por sus deseos de vivirla. Sólo deseo exponer, de la forma más sencilla posible, mi respuesta a lo que la gente pregunta acerca de nosotros.

Pregunta Nº 1: ¿Cuál es la doctrina mormona con respecto a la Deidad, con respecto a Dios?

Desde el momento de la Primera Visión las personas han hecho esta pregunta y continuarán haciéndola mientras sigan creyendo en el Dios en el que tradicionalmente han creído en tanto que nosotros damos testimonio del Dios que se nos ha dado a conocer por la revelación actual.

El profeta José Smith dijo: "El primer principio del Evangelio es saber con certeza la naturaleza de Dios, y saber que podemos conversar con Él como un hombre conversa con otro" (Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 427).

"Nosotros creemos en Dios el Eterno Padre, y en su Hijo Jesucristo, y en el Espíritu Santo" (Artículo de Fe Nº 1). Este primer Artículo de Fe compendia nuestra doctrina. No aceptamos el Credo de Atanasio; no aceptamos el Credo de Nicea ni ningún otro credo basado en la tradición y en las conclusiones de los hombres.

Sí aceptamos, como base de nuestra doctrina, la afirmación del profeta José Smith de que cuando oró para pedir sabiduría en la arboleda: ". . .Al reposar sobre mí la luz, vi en el aire arriba de mí a dos Personajes, cuyo fulgor y gloria no admiten descripción. Uno de ellos me habló, llamándome por mi nombre, y dijo, señalando al otro: Éste es mi Hijo Amado: ¡Escúchalo!" (José Smith--Historia 1:17).

Dos Seres corpóreos estuvieron ante él. Él los vio. Tenían forma de hombres, sólo que mucho más gloriosos en Su apariencia. Él les habló y Ellos le hablaron a él. No eran espíritus amorfos. Cada uno era un Personaje bien diferenciado. Eran Seres de carne y hueso cuya naturaleza fue reiterada en revelaciones posteriores que recibió el Profeta.

Todo nuestro caso, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, descansa sobre la validez de esa maravillosa Primera Visión, que fue la cortina que se descorrió para abrir ésta, la dispensación del cumplimiento de los tiempos. Nada sobre lo cual basamos nuestra doctrina, nada de lo que enseñamos, nada de aquello por lo cual regimos nuestra vida es de mayor importancia que esa primera afirmación. Sostengo que si José Smith habló con Dios el Padre y con Su Hijo Amado, entonces todo lo demás de lo cual hablamos es verdadero. Ésta es la bisagra sobre la cual gira la puerta que se abre al sendero que conduce a la salvación y a la vida eterna.

¿Somos cristianos? Desde luego que somos cristianos. Creemos en Cristo. Adoramos a Cristo. Tomamos sobre nosotros, en solemne convenio, Su santo nombre. La Iglesia a la cual pertenecemos lleva Su nombre. Él es nuestro Señor, nuestro Salvador, nuestro Redentor por medio de quien vino la gran Expiación con salvación y vida eterna.

Pregunta Nº 2: ¿Qué actitud tiene su Iglesia con respecto a la homosexualidad?

En primer lugar, creemos que el matrimonio entre el hombre y la mujer fue decretado por Dios. Creemos que el matrimonio puede ser eterno mediante el ejercicio del poder del sacerdocio sempiterno en la Casa del Señor.

En primer lugar, creemos que el matrimonio entre el hombre y la mujer fue decretado por Dios. Creemos que el matrimonio puede ser eterno mediante el ejercicio del poder del sacerdocio sempiterno en la Casa del Señor.

En primer lugar, creemos que el matrimonio entre el hombre y la mujer fue decretado por Dios. Creemos que el matrimonio puede ser eterno mediante el ejercicio del poder del sacerdocio sempiterno en la Casa del Señor.

La gente nos pregunta acerca de nuestra posición con respecto a aquellos que se consideran "gays" o lesbianas. Mi respuesta es que los amamos como hijos e hijas de Dios; pueden tener ciertas inclinaciones que son poderosas y que pueden ser difíciles de dominar. La mayoría de la gente tiene inclinaciones de una u otra clase en diferentes épocas. Si ellos no actúan de conformidad con esas inclinaciones, entonces pueden seguir adelante como todos los demás miembros de la Iglesia. Si violan la ley de castidad y las normas morales de la Iglesia, entonces están sujetos a la disciplina de la Iglesia, tal como los demás.

Deseamos ayudar a esas personas, fortalecerlas, auxiliarlas en sus problemas y socorrerlas en sus dificultades; pero no podemos quedarnos sin hacer nada si se entregan a actividades inmorales, si intentan sustentar, defender y vivir lo que llaman el matrimonio de personas del mismo sexo. Permitir semejante cosa sería restarle importancia tanto a la sumamente seria y sagrada base del matrimonio autorizado por Dios como al propósito mismo de éste que es el de tener hijos.

Pregunta Nº 3: "¿Cuál es su posición con respecto al aborto?

Según los centros de control y prevención de enfermedades, se practicaron más de 1.200.000 abortos en 1995 tan sólo en los Estados Unidos. ¿Qué ha ocurrido con nuestro respeto por la vida humana? ¿Cómo pueden mujeres, y hombres, negar el gran y valiosísimo don de la vida que es divino en su origen y naturaleza?

Según los centros de control y prevención de enfermedades, se practicaron más de 1.200.000 abortos en 1995 tan sólo en los Estados Unidos. ¿Qué ha ocurrido con nuestro respeto por la vida humana? ¿Cómo pueden mujeres, y hombres, negar el gran y valiosísimo don de la vida que es divino en su origen y naturaleza?

Según los centros de control y prevención de enfermedades, se practicaron más de 1.200.000 abortos en 1995 tan sólo en los Estados Unidos. ¿Qué ha ocurrido con nuestro respeto por la vida humana? ¿Cómo pueden mujeres, y hombres, negar el gran y valiosísimo don de la vida que es divino en su origen y naturaleza?

¡Qué cosa asombrosa es un niño! ¡Qué hermoso es un niño recién nacido! No hay milagro más grande que la creación de la vida humana.

El aborto es una práctica horrenda, envilecedora y que inevitablemente provoca remordimiento, pesar y lamentación.

Aun cuando lo condenamos, pensamos que debe permitirse en ciertas circunstancias, como cuando el embarazo ha sido provocado por incesto o violación, cuando la vida o la salud de la madre corren serio peligro según la opinión de autoridades médicas competentes, o cuando estas autoridades médicas saben que el feto padece de graves defectos que no permitirán a la criatura sobrevivir más allá del nacimiento.

Pero esos casos son poco comunes y hay muy pocas probabilidades de que se presenten. En esas circunstancias, a los que se ven enfrentados al problema se les pide que consulten a sus líderes eclesiásticos locales y que oren con gran fervor, que reciban una confirmación por medio de la oración antes de proceder.

Hay un camino mejor.

Si la mujer no tiene posibilidades de casarse con el padre de la criatura y si ha sido abandonada, queda la muy bienvenida opción de poner al niño para adopción por padres que lo quieran y lo cuiden. Hay muchos matrimonios en buenos hogares que anhelan un hijo y que no pueden tenerlo.

Pregunta Nº 4: ¿Cuál es la posición de la Iglesia referente a la poligamia?

Por estos días, se publican muchos artículos en los periódicos sobre este asunto. Esto surgió del caso de un presunto maltrato a una menor de edad por parte de quienes practican el matrimonio plural.

Por estos días, se publican muchos artículos en los periódicos sobre este asunto. Esto surgió del caso de un presunto maltrato a una menor de edad por parte de quienes practican el matrimonio plural.

Por estos días, se publican muchos artículos en los periódicos sobre este asunto. Esto surgió del caso de un presunto maltrato a una menor de edad por parte de quienes practican el matrimonio plural.

Deseo exponer categóricamente que esta Iglesia no tiene absolutamente nada que ver con la gente que practica la poligamia; ellos no son miembros de esta Iglesia. La mayoría de ellos nunca han sido miembros y están violando la ley civil; saben que infringen la ley. Están sujetos al castigo de la ley. La Iglesia, naturalmente, no tiene jurisdicción alguna en este asunto.

Si a alguno de nuestros miembros se le sorprende practicando el matrimonio plural, se le excomulga, que es la pena más seria que la Iglesia puede imponer. Los que tal hacen no sólo contravienen directamente la ley civil, sino que quebrantan la ley de esta Iglesia. Uno de nuestros Artículos de Fe es irrevocable para nosotros y dice: "Creemos en estar sujetos a los reyes, presidentes, gobernantes y magistrados; en obedecer, honrar y sostener la ley" (Artículo de Fe Nº 12). No es posible obedecer la ley y desobedecerla al mismo tiempo.

No hay tal cosa como un "mormón fundamentalista"; es una contradicción emplear esas dos palabras juntas.

Hace más de un siglo, Dios reveló claramente a Su profeta Wilford Woodruff que la práctica del matrimonio plural debía suspenderse, lo cual significa que ahora está en contra de la ley de Dios. Incluso en los países en los que la ley civil o la ley religiosa permite la poligamia, la Iglesia enseña que el matrimonio debe ser monógamo y no acepta entre sus miembros a los que practican el matrimonio plural.

Pregunta Nº 5: ¿A qué se atribuye el crecimiento de la Iglesia?

Estamos creciendo; estamos creciendo de un modo prodigioso. Entre los que nacen en la Iglesia y los conversos que se bautizan en ella, añadimos 400.000 personas al año. Sobre la base de diez millones, eso es más o menos el 4%, lo cual es excepcionalmente bueno para una iglesia.

Estamos creciendo; estamos creciendo de un modo prodigioso. Entre los que nacen en la Iglesia y los conversos que se bautizan en ella, añadimos 400.000 personas al año. Sobre la base de diez millones, eso es más o menos el 4%, lo cual es excepcionalmente bueno para una iglesia.

Estamos creciendo; estamos creciendo de un modo prodigioso. Entre los que nacen en la Iglesia y los conversos que se bautizan en ella, añadimos 400.000 personas al año. Sobre la base de diez millones, eso es más o menos el 4%, lo cual es excepcionalmente bueno para una iglesia.

Las personas buscan un apoyo sólido en un mundo en el que los valores cambian de continuo; desean algo a lo cual aferrarse ante un mundo que las rodea y que cada vez parece más confuso.

Se les da la bienvenida como nuevos conversos y se les hace sentir en casa; sienten la calidez de la hermandad de los santos.

Se les dan tareas que realizar; se les dan responsabilidades y se les hace sentir parte del gran movimiento de avanzada de ésta, la obra de Dios.

Y, desde luego, tenemos misioneros que les ayudan en su búsqueda de la verdad.

No tardan en descubrir que es mucho lo que se espera de ellos como Santos de los Últimos Días, y no lo toman a mal; son capaces de hacer lo que se les pide y les gusta hacerlo. Esperan que su religión les exija reformar su vida. Cumplen con los requisitos. Dan testimonio del gran bien que ha llegado a ellos. Son entusiastas y fieles.

Pregunta Nº 6: ¿Qué tienen que decir acerca del maltrato de los niños y del cónyuge?

Condenamos enérgicamente el maltrato de cualquier tipo. Reprobamos el maltrato físico, sexual, verbal o emocional a la esposa o a los hijos. Nuestra "Proclamación sobre la Familia" dice: "El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. . . Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales. . . Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones" (La familia: Una proclamación para el mundo, Liahona, junio de 1996).

Condenamos enérgicamente el maltrato de cualquier tipo. Reprobamos el maltrato físico, sexual, verbal o emocional a la esposa o a los hijos. Nuestra "Proclamación sobre la Familia" dice: "El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. . . Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales. . . Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones" (La familia: Una proclamación para el mundo, Liahona, junio de 1996).

Condenamos enérgicamente el maltrato de cualquier tipo. Reprobamos el maltrato físico, sexual, verbal o emocional a la esposa o a los hijos. Nuestra "Proclamación sobre la Familia" dice: "El esposo y la esposa tienen la solemne responsabilidad de amarse y cuidarse el uno al otro, y también a sus hijos. . . Los padres tienen la responsabilidad sagrada de educar a sus hijos dentro del amor y la rectitud, de proveer para sus necesidades físicas y espirituales. . . Los esposos y las esposas, madres y padres, serán responsables ante Dios del cumplimiento de estas obligaciones" (La familia: Una proclamación para el mundo, Liahona, junio de 1996).

Estamos haciendo todo lo que está a nuestro alcance por detener esta terrible maldad. Si se reconoce la igualdad entre marido y mujer, si se reconoce que cada niño o niña que nace en el mundo es hijo o hija de Dios, entonces se tendrá un mayor sentido de la responsabilidad de cuidar con cariño, de ayudar y de querer con un amor imperecedero a aquellos de los cuales se es responsable.

Ningún hombre que maltrate a su esposa o a sus hijos es digno de poseer el sacerdocio de Dios. Ningún hombre que maltrate a su esposa o a sus hijos es digno de considerarse un miembro de buena conducta en esta Iglesia. El maltrato a la esposa y a los hijos de uno constituye una grave ofensa ante Dios y el que incurra en ello debe esperar ser sometido a la disciplina de la Iglesia.

Pregunta Nº 7: ¿Cómo financia la Iglesia sus operaciones?

El hermano Faust habló con mucha habilidad de este tema esta mañana. La gente de fuera se pregunta cómo podemos realizar tantas cosas; dicen y escriben que la Iglesia tiene una gran riqueza y muchísimos bienes.

Sí tenemos bienes. Tenemos casas de adoración por toda la tierra. Construimos un gran número de edificios cada año. Administramos un gran programa de educación universitaria, de seminarios e institutos. Tenemos una instalación de historia familiar sin igual. Respaldamos una formidable organización misional, que supone el mantenimiento de las casas de misión y otras instalaciones además de los gastos de manutención de los misioneros que costean los mismos misioneros y sus familias. Administramos otros programas, para todos los cuales se utiliza dinero.

Todo esto y más consume dinero, pero no produce dinero. Es muy costoso operar esta Iglesia. Sus operaciones en todo el mundo son financiadas gracias a los diezmos consagrados de los miembros fieles. ¡Qué magnífico y espléndido principio es la ley del diezmo! Es tan sencillo de entender y de obedecer. Es la ley de finanzas del Señor.

Doy gracias al Señor desde el fondo de mi corazón por la fe de los que pagan su diezmo honrado. ¿Son más pobres porque lo hacen? Testificamos que de algún modo, bajo la divina providencia del Señor, Él nos compensa por ello y en abundancia. No es un impuesto, sino una ofrenda voluntaria que se da en forma confidencial. Es un principio que lleva consigo una promesa notable. Dios ha dicho ". . .os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde" (Malaquías 3:10). Ésa es Su promesa. Él tiene poder para cumplir esa promesa, y es mi testimonio que Él la cumple.

Y bien, eso es todo lo que el tiempo me permite decir en esta ocasión. Habría muchos otros puntos que tratar. Éstas son tan sólo un