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¿Quienes fueron Lyman Wight y Orrin Porter Rockwell?

Por lualcaro - 15 de Febrero, 2008, 19:14, Categoría: 23-Respuestas

Entre los que admiraron al Profeta y hubieran dado sus vidas por él se cuentan dos de los hombres de apariencia más ruda que hayan existido en la Iglesia. Ambos tenían el corazón de oro, y la tolerancia del profeta hacia su rudeza exterior es característica de su habilidad de ver más allá de las apariencias hasta penetrar en el corazón humano.

Lyman Wight fue atraído a la Iglesia por el carácter magnético del Profeta. Era un hom­bre de la frontera, rudo, un tirador mortal cuyo valor temerario era bien conocido en toda la frontera. Mientras vivió el Profeta, Wight fue como arcilla en sus manos, tan sua­ve como un cordero. Después de la muerte de su "querido José" nadie pudo gobernado. Fue tolerado en la Iglesia sólo por su anterior devoción al Profeta, pero sus independientes aventuras misionales y sus confusas enseñan­zas lo llevaron finalmente a la excomunión.

Orrin Porter Rockwell, cuya devoción ya se ha mencionado, era de una naturaleza similar. En 1841 fue acusado junto con José Smith, de un intento de asesinar al ex-gobernador Boggs de Missouri. Por un tiempo escapó de ser arrestado yendo al este. Pensando que la false­dad de los cargos se había comprobado y que se había abandonado el asunto, decidió retor­nar a Nauvoú. Pero estaba equivocado. En Sto Louis, Missouri, fue arrestado, llevado a Independence, y arrojado a la prisión donde lo tuvieron por casi un año, tratándolo muy mal ya lo habían puesto en cadenas de acero. Una vez que escapó fue aprehendido y casi lincha­do.

La razón de que tuvieran a Rockwell tanto tiempo sin juicio fue con la idea de poder usarlo como señuelo para lograr que el Profeta cruzara la línea de Missouri.

"Port", le dijo el sheriff Reynolds, "José Smith tiene confianza sin límites en ti. El ven­drá a la línea, si tú se lo pides. Si haces eso por nosotros te dejaremos libre y puedes pedir tu recompensa".

Rockwell contestó, "Antes los veré a todos ustedes en el infierno y aun así no lo haría"

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William Edwin Berrett. LA IGLESIA RESTAURADA. Pag. 185-186. 

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