2-Enlaces Sud No Oficiales (Español)

Alojado en
ZoomBlog

20 de Junio, 2007

Tanto por el Estudio como por la Fe

Por lualcaro - 20 de Junio, 2007, 22:27, Categoría: General

   

Articulo de Juan Pablo Marichal, editor del Ezine SUD

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días no enseña a la gente a aislarse del mundo y a permanecer ignorante. Por el contrario, somos la Iglesia con mayor número de graduados universitarios en el mundo, y, para impulsar esto aún más, recientemente el Pte. Gordon B. Hinckley estableció un Fondo Perpetuo de Educación para ayudar a los miembros de países en desarrollo a alcanzar este mismo ideal.

El hecho de que la Iglesia quiera que sus miembros estén siempre bien capacitados y se pongan metas de educación continúa es también muestra de que a la Iglesia no le preocupa que los miembros hagan contrastes y se hagan planteamientos razonables sobre su fe, como inevitablemente ocurre durante la educación universitaria, pues la doctrina del evangelio es tan sólida que resiste todo tipo de planteamientos profundos. Para apoyar a sus miembros en su búsqueda de respuestas, la Iglesia ha establecido los Institutos de Religión, un lugar donde los estudiantes universitarios pueden hacer las preguntas más profundas y avezadas en tanto que por el estudio y la oración desarrollan su propia inteligencia.

Lo miembros de la Iglesia no tienen pretexto para permanecer en la ignorancia. Brigham Young enunció que donde hay oportunidad de aprender y no se hace se está cometiendo un pecado. Puesto que la Biblia promete que 'los mansos heredarán la tierra' (Mt. 5:5) y que ellos juzgarán al mundo (3 Nefi 27:27), se espera que nos preparemos para ese día en que seremos 'reyes y sacerdotes' en el gobierno milenial de Dios sobre la tierra. Y puesto que buscamos ser como Dios en todas las cosas (1 Jn. 3:2; Mt. 5:48), el conocimiento es esencial para poder alcanzar un objetivo tan elevado y sublime.

En Apocalipsis 14, el reino de Dios sobre la tierra se compara a un niño en desarrollo en el vientre de su madre, la Iglesia. Por el momento se ven como una sola entidad, y decimos que el reino es la Iglesia. Pero una vez nacido, 'regirá con vara de hierro a las naciones', en un tiempo en que esta roca cortada 'no con mano' abatirá a los reinos injustos de la tierra (véase Doctrina de Salvación, tomo I, cap. 14, y págs. 168-173). Tal vez muchos miembros no hayan considerado que el gobernar Cristo la tierra durante el milenio les involucra, y que por eso les ha hecho tan 'preciosas y grandísimas promesas'. Tal vez no hayan considerado como pecado y como desprecio a Dios su flojera de leer y conocer, tal vez les falte ambición por recoger las promesas. Tal vez no hayan considerado esto como parte de 'hacer firme su vocación y elección' (2 Pe. 1:10) a fin de recoger 'la palabra profética más segura' (2 Pe. 1:19), que nos hace 'participantes de la naturaleza divina' (2 Pe. 1: 3-4), por lo cual se nos pide agregar a nuestra fe y virtud conocimiento (2 Pe. 1:5-9). Tal vez no se hayan visto a sí mismos en las palabras que se le dieron a Abraham sobre los nobles y grandes (Abraham 3:22-23). Tal vez, al recibir sus bendiciones patriarcales, no hayan examinado las bendiciones particulares y distintas que se dieron a cada una de las tribus de Israel y hayan considerado su herencia dentro de esas bendiciones (Gn. 49, Dt. 33). En particular, Sión es la herencia de José y Jerusalén la de Judá, y "de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra de Jehová". Al considerar estas promesas no debería causar sorpresa que aún los ancianos que las han comprendido estén cursando carreras universitarias, pues ellos no se están preparando solamente para la vida de este tiempo. Si queremos alcanzar las promesas que el Señor ha hecho a sus joyas escogidas, ¡hay tanto que aprender!

"Por tanto, preparaos para la venida del Esposo; salid, salid a recibirlo" (DyC 133:19)

El reino de Dios del que hemos hablado involucra muchas cosas, y no todas tienen que ver únicamente con la religión. En realidad, prepararse para el reino de Dios parece involucrar la lectura de los buenos periódicos, de las enciclopedias y de toda fuente de cultura y de información, así como el aprecio de las bellas artes, 'a fin de que estéis preparados en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar el llamamiento al cual os he nombrado y la misión con la que os he comisionado' (analizar DyC 77:78-80), en 'lugares celestiales antes de Cristo'. Esta encomienda parece trascender nuestra esfera de trabajo en estos días en que los hombres saben más y más y más de menos y menos y menos. Tal parece que Jesucristo nos manda trascender nuestras propias esferas y convertirnos gradualmente de especialistas en generalistas, a fin de que podamos comprender todas las cosas, porque 'el cuerpo lleno de luz comprende todas las cosas' (DyC 88:67).

El cuerpo lleno de luz es el que es vivificado no por sangre, sino por el espíritu, nuestro propio espíritu, constituído de 'luz y verdad', es decir, de inteligencia (DyC 93:36; véase Doctrina de Salvación, tomo I, págs. 72-73). Mientras más nos allegamos a la fuente de luz, que es Jesucristo, más luz y verdad se obtiene. Avanzamos de línea en línea, de renglón en renglón, la inteligencia allegándose a la inteligencia, hasta lo que las escrituras llaman 'el resplandor del día perfecto'.

Cuando hayamos muerto y estemos en el mundo de los espíritus, nuestra luz nos distinguirá; y cuando resucitemos, ya sea en el milenio (la 'mañana' de la primera resurrección) o en preparación para el juicio, será la inteligencia o luz que hayamos ganado la que nos hará diferentes y en ventaja unos a otros. Nuestro cuerpo ya no esconderá esa luz, puesto que ahora será alimentado por el espíritu, y la inteligencia es la materia prima de ese espíritu. Resplandecerá, aún como el sol, o como la luna, o como las estrellas, reflejando su gloria, no la gloria que Dios le ha asignado, sino la que nosotros mismos hemos conseguido. Habrá cuerpos celestiales y cuerpos terrenales, y una será la gloria de los celestiales y otra la de los terrenales, y aún los herederos del reino telestial serán diferentes uno al otro en gloria (1 Cor. 15).

De modo que, a la vista de Dios, no es 'demasiado tarde' para nadie que quiera aprender y conseguir un futuro. Si no aprendemos a ser felices por encima de nuestras circunstancias mientras vivimos en la tierra, ¿podremos ser felices por encima de nuestras circunstancias en aquel mundo eterno? ¿Serán menos difíciles nuestras circunstancias o sólo habrá cambiado su naturaleza? ¿Cómo lo son para Dios? Y, ¿acaso no es El felíz? ¿Qué podría tener para prometernos sino la felicidad? El conocimiento es esencial para alcanzar esta meta y todos podemos aprender a pesar de nuestra edad, nuestra pobreza o cualesquiera de nuestras circunstancias. Además Dios ha prometido derramar conocimiento sobre los santos, cual no se ha visto en ninguna dispensación anterior.

No todo conocimiento es deseable, pues debemos crecer sólo en la luz y la verdad. José Smith indicó que mientras más estudiemos la obscuridad menor espacio hay en nuestra mente para la luz. Se nos ha dado la luz para discernir el bien del mal (ver Moroni 7). El Pte. Benson recomendó a los santos que siguieran los consejos que se dieron a John Wesley, una importante figura entre los protestantes. De paso, una vez más, el que podamos aprender de los consejos dados al representante de otras iglesias indica nuestra disposición permanente para aprender de todo y de todos. Nuestro himnario es un ejemplo, pues contiene canciones populares, música de compositores clásicos de renombre y letras compuestas por figuras protestantes como Martín Lutero, en tanto que dichas letras sean compatibles con el espíritu de adoración de nuestra Iglesia. Brigham Young dijo: "Si podéis encontrar una verdad en el cielo, en la tierra o en el infierno, pertenece a nuestra doctrina. La creemos, es nuestra, la reclamamos". Así de amplio debe ser nuestro amor por la verdad.

En lo particular, amo la verdad mucho más de lo que amo a cualquier iglesia y si amo a esta Iglesia es porque en ella he encontrado la verdad. Lo sé porque los misioneros que me enseñaron me impulsaron a no creerles a ellos, ni a guiarme por mi propia experiencia y conocimiento, sino a preguntar a Dios, que no puede equivocarse, y que tiernamente nos responde, si lo que decían es verdad. Y porque he preguntado a Dios, y porque he obtenido respuestas, como las obtienen todos los que se acercan a El sinceramente (Stgo. 1:5-6), que en esta Iglesia se enseña la verdad, y que Jesucristo mismo la dirige desde lo alto como la dirigió también en la antigüedad.

Finalmente, no importa en realidad lo mucho que sepa un hombre si no conoce a Dios. Es por eso que tenemos que desarrollarnos 'tanto por el estudio como por la fe', pues sin el poder del Espíritu Santo es imposible conocer la verdad, en tanto que por el poder del Espíritu podremos conocer 'la verdad de todas las cosas' (Moroni 10:5), en el nombre de Jesucristo. Amén.

Lo que nos entorpece al adquirir conocimiento

"En la actualidad, con la abundancia de libros con que contamos, es señal del hombre educado saber lo que no debe leer... La madre de John Wesley le aconsejó: 'Evita

  1. Cualquier cosa que debilite tu poder para razonar,

  2. que entorpezca la ternura de tu conciencia,

  3. que obscurezca tu visión de lo divino,

  4. que te quite tu deseo por las cosas espirituales...

  5. que aumente el poder del cuerpo sobre la mente'.

"El hecho de que un libro sea viejo no significa automáticamente que tiene valor. El hecho de que un escritor haya publicado una gran obra no significa que es preciso que todos sus libros merezcan la atención de tu tiempo. No conviertas tu mente en un basurero para los desperdicios de otras personas. Es más difícil extirpar de la mente los libros carentes de gusto que se hayan leído, que eliminar del cuerpo la comida descompuesta, además de ser aquello más perjudicial para el alma" (Pte. Ezra Taft Benson, "In His Steps", 1979 Devotional Speeches of The Year, Provo, Utah: BYU Press, 1980, pág. 61).

Permalink :: Comentar | Referencias (0)

Lo que sabemos sobre Juan el Bautista

Por lualcaro - 20 de Junio, 2007, 22:14, Categoría: General

por Juan Pablo Marichal, editor del Ezine SUD

Poniéndose en su piel
Cuando Walter Thomsen se dio cuenta de que estaría representando a Juan el Bautista en una producción de 1976, decidió estudiar la vida de Juan. "Nuestro director nos había pedido conocer realmente a los personajes que estábamos representando. Todo lo que sabía sobre Juan el Bautista era que había salido por el desierto predicando el arrepentimiento. Bautizó al Salvador y apareció a José Smith y a Oliverio Cowdery en los últimos días. Es realmente todo lo que sabía acerca de él. Despues de estudiar sobre él este año, llegó a significar mucho para mí. ¿Pueden imaginar ser el precursor del Salvador, venir a este mundo y prepararlo para la venida de Cristo y entonces estar realmente con él mientras estuvo sobre la tierra - predicando y conversando con él?
"He comprendido lo que el Salvador quiso dar a entender cuando dijo: 'Entre los nacidos de mujer no se ha levantado uno más grande que Juan el Bautista: aunque el que es el menor en el reino de los cielos es mayor que él" " (Matt. 11:11.)
- Jeane Woolfenden, "Songs Sung Backstage and in Balconies," New Era, Feb. 1977, 27

Predicho por profetas
Siendo tan importante, el servicio que Juan haría fue profetizado desde cientos de años antes por profetas como Lehi (1 Ne. 10:7-10), Nefi (1 Nefi 11:27; 2 Nefi 31:4-18) e Isaías (Isaías 40:3).

Fue preparado desde niño
Su nacimiento y su nombre fue revelado a sus padres en circunstancias extraordinarias, dentro de los muros del templo mismo (Lucas 1:5-25). Mientras estaba embarazada su madre, Juan saltó en el vientre cuando sintió cerca la presencia del Salvador (Lc. 1:39-41). El libro de Doctrina y Convenios informa que Juan "fue lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre", además "cuando tenía ocho días de edad, el ángel de Dios lo ordenó para este poder", es decir, el poder de preparar la vía delante de Jesucristo para que el mundo pudiera recibirlo (DyC 84:27-28).

La vida de Juan no debe haber sido fácil. Sabemos que, debido al cruel edicto de Herodes para matar a todos los niños pequeños, su madre escapó con él y vivió durante mucho tiempo en el desierto, alimentado con langostas y miel silvestre, hasta que Dios le llamó para que comenzara a predicar y a preparar el corazón de la gente para que pudieran reconocer al Salvador cuando le vieran. El padre de Juan fue un justo poseedor del sacerdocio y un hombre valiente. Cuando rehusó revelar el escondite al que había mandado a su familia, y mientras oficiaba en el templo, murió asesinado por orden de Herodes entre el templo y el altar.

Bautizó al Salvador
El bautismo no era algo nuevo ni desconocido para los judíos. Se practicaba desde Adán (Moisés 6:64-68) y había sido practicado en la época de Moisés (1 Cor. 10:2). Cualquiera pudo haber bautizado a Jesucristo, pero el se trasladó desde Nazaret hasta Betábara para ser bautizado específicamente por Juan, porque le reconocía como el único que realmente tenía la autoridad para hacerlo. Resulta interesante observar sobre un mapa que la distancia entre estos dos puntos abarca casi todo lo largo del Jordán, una enorme distancia difícil y llena de montañas (se supone que Betábara se encontraba a la altura de Jericó). Viendo el mapa uno se da cuenta de que Jesús tenía una poderosa razón para acudir a Juan y a nadie más para su bautismo. Juan era el único legítimamente autorizado y Jesús lo sabía.

Preparó discípulos para Cristo
Juan testificó de Cristo antes de bautizarlo, en su bautismo y después de él. Envió grupos de sus discípulos al Salvador para que lo reconocieran; procuraba que la gente tuviera un testimonio por sí misma y no sólo por lo que él les decía. Tan bien realizó Juan su labor de preparar a la gente delante de Cristo que al menos dos de los primeros apóstoles a los que llamó Jesucristo fueron escogidos entre los discípulos que había tenido Juan (Jn 1:35-42).

Fue un hombre de valor
Juan fue un hombre que no apreciaba ni su propia vida cuando se trataba de decir la verdad. Era audaz, a tal punto que no vaciló en denunciar públicamente la conducta incestuosa del propio Herodes, que había tomado por mujer a Herodías, la esposa de su hermano Felipe. Esta audacia le ganó la cárcel, pero Herodes no se atrevió a dañar a Juan porque sabía que contaba con muchos discípulos y simpatizantes. Sin embargo, le asesinó finalmente a causa de una bien urdida trampa de Herodías, quien le odiaba a muerte.

El profeta más grande
Jesús rindió tributo a Juan el Bautista como su precursor, como buen poseedor del sacerdocio y como la única persona autorizada para bautizarle al decir que Juan era el profeta más grande que se había levantado hasta el momento. Jesús mismo reconoció su autoridad y no comenzó a predicar públicamente sino hasta que Juan ya no pudo hacerlo por sí mismo (Mt. 4:12,17).

Un ángel de los últimos días
"Así, Juan murió como un mártir, como muchos de los siervos del Señor. Casi 800 años después el apareció a José Smith y a Oliverio Cowdery como un ser resucitado, puso sus manos en sus cabezas y les ordenó al Sacerdocio Aarónico. Tuvo que ser un ser resucitado para hacerlo, porque los espíritus no pueden imponer las manos en los mortales (Ver D&C 129; ver también Enseñanzas del Profeta José Smith, p. 191 de la versión en inglés.) Alguna vez, entre su muerte a los 32 años y su aparición al Profeta José Smith el 15 de Mayo de 1829, Juan resucitó, quizás poco después de la resurrección de Jesús mismo (ver D&C 133:55.)

"José Smith narra su ordenación por Juan el Bautista:

"Mientras en esto nos hallábamos, orando e implorando al Señor, descendió un mensajero del cielo en una nube de luz y, habiendo puesto las manos sobre nosotro, nos ordenó, diciendo:
"Sobre vosotros, mis consiervos, en el nombre del Mesías, confiero el sacerdocio de Aarón, el cual tiene las llaves del ministerio de ángeles, y del evangelio de arrepentimiento, y del bautismo por inmersión para la remisión de los pecados; y este sacerdocio nunca más será quitado de la tierra, hasta que los hijos de Leví de nuevo ofrezcan al Señor un sacrificio en rectitud".
"...dijo que se llamaba Juan, el mismo que es conocido como Juan el Bautista en el Nuevo Testamento, y que obraba bajo la dirección de Pedro, Santiago y Juan."
(José Smith—Historia 1:68–72.)
"Cada vez que un hombre jóven bendice o distribuye el sacramento de la Cena del Señor o lleva a cabo un bautismo para la remisión de pecados, puede literalmente trazar su autoridad hacia atrás en el sacerdocio hasta el día en que Juan el Bautista ordenó al Profeta José Smith y a Oliverio Cowdery".


- Robert J. Matthews, " "There Is Not a Greater Prophet": The Ministry of John the Baptist," Ensign, Jan. 1991, 17.

Permalink :: Comentar | Referencias (0)