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Febrero del 2007
J e r u s a l é n

Judíos, cristianos y musulmanes adoran en esta ciudad santa, donde cada fe tiene un número de lugares sagrados.

POR D. KELLY OGDEN
Ninguna ciudad ha contribuido a la historia y al destino del mundo como Jerusalén. Durante cuarenta siglos, semitas, egipcios, hititas, Nasirios, babilonios, persas, griegos, romanos, bizantinos, musulmanes, cruzados, turcos, europeos, árabes e israelíes han desfilado por las páginas de su historia. Personajes de la talla de Melquisedec, Abraham, David, Salomón, Isaías, Lehi, Jeremías, Alejandro el Grande, Pompeyo, Cleopatra, Herodes, Pedro, Pablo, Tito, Constantino, Mahoma, Ricardo Corazón de León, Maimónides, Saladino, Suleiman el Grande y muchísimas personas más han desempeñado un papel de vital importancia en el pasado de Jerusalén.
Situada en la encrucijada de las tierras del Mediterráneo oriental (la única región del mundo en la que confluyen tres continentes), Jerusalén ha evolucionado de forma natural hasta convertirse en el centro de la atención económica, política y religiosa internacionales. Sin embargo, nunca ha sido una superpotencia económica ni política, sino que su importancia e influencia se deben principalmente a su relevancia religiosa. Jerusalén será siempre un símbolo del contacto de Dios con la tierra.
Jesucristo, el Hijo Unigénito de Dios en la carne, nació cerca de este lugar. Fue en Jerusalén donde el Redentor llevó a cabo Su sacrificio expiatorio y Su resurrección de entre los muertos, los acontecimientos más sobresalientes y las mayores contribuciones de todos los tiempos. Éstos y muchos otros hechos han santificado para siempre el nombre de Jerusalén.
En el mundo antiguo y en el moderno, ha habido, y todavía hay, importantes ciudades religiosas, pero sólo Jerusalén es la capital de tres de las principales religiones: el judaísmo, el cristianismo y el Islam. Para los seguidores de esas religiones, entre ellos los millones de creyentes que nunca han visto Jerusalén, el profundo sentimiento que se tiene por la ciudad se manifiesta en las siguientes expresiones.
Judaísmo: "De las diez medidas de belleza que descendieron sobre el mundo, Jerusalén recibió nueve" (Talmud, Kiddushin 49b). "El hombre que no ha visto Jerusalén en todo su esplendor no ha visto nunca una ciudad hermosa" (Talmud, Succah 51b).
Cristianismo: Jesús dijo de Jerusalén: "...es la ciudad del gran Rey" (Mateo 5:35), y el apóstol Pablo enseñó: "...os habéis acercado al monte de Sión, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial" (Hebreos 12:22).
Islam: "De todas sus tierras, Alá escoge Jerusalén... El rocío que desciende sobre Jerusalén es un remedio para toda enfermedad porque procede de los jardines del paraíso".
No sólo estas tres grandes religiones han cantado alabanzas a Jerusalén, sino que han erigido un buen número de construcciones en los lugares sagrados. Sus palacios, sinagogas, iglesias, santuarios, monasterios, conventos, mezquitas, yeshivas y otros centros de gobierno, de educación y de adoración representan una influencia colectiva incalculable en el curso de la historia humana.
A través de los devastadores conflictos del pasado y del presente, Jerusalén ha permanecido como una ciudad venerada y tiene la promesa de un futuro de paz como la morada para el Señor y Sus santos durante Su gran reinado milenario.
NOTA 1. Citado en Khalidi, Walid, Before Their Diaspora: A Photographic History of the Palestinians, 1876–1948, 1984, pág. 21.
D. Kelly Ogden es miembro del Barrio Edgemont 6, Estaca Edgemont, Provo, Utah.
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Élder Russell M. Nelson Del Quórum de los Doce Apóstoles
Ayudamos a congregar a los escogidos del Señor en los dos lados del velo.
Mis amados hermanos y hermanas, gracias por su fe, por su devoción y por su amor. Compartimos la inmensa responsabilidad de ser quienes el Señor desea que seamos y de hacer lo que Él desea que hagamos. Somos parte de un gran movimiento: el recogimiento del esparcido Israel. Hablo hoy de esta doctrina por motivo de su singular importancia en el plan eterno de Dios.
El convenio de Abraham
En la antigüedad, el Señor bendijo al padre Abraham con la promesa de hacer de su posteridad un pueblo escogido1. Hay referencias a ese convenio a lo largo de las Escrituras. También se le hicieron las promesas de que el Hijo de Dios vendría por el linaje de Abraham, de que se heredarían ciertas tierras, de que naciones y pueblos de la tierra serían bendecidos por medio de sus descendientes, y aún más2. Aunque algunas partes de ese convenio ya se han cumplido, el Libro de Mormón enseña que ese convenio de Abraham ¡se cumplirá sólo en los últimos días!3. Además, subraya que nosotros nos encontramos entre los del pueblo del convenio del Señor4. Nuestro es el privilegio de participar personalmente en el cumplimiento de esas promesas. ¡Qué época tan emocionante para vivir!
Israel fue esparcido
Como descendientes de Abraham, las tribus del antiguo Israel tuvieron acceso a la autoridad del sacerdocio y a las bendiciones del Evangelio, pero, con el transcurso del tiempo, los del pueblo se rebelaron, mataron a los profetas y fueron castigados por el Señor. Diez tribus fueron llevadas cautivas a Asiria, desde donde se perdieron para los registros de la humanidad (obviamente, las diez tribus no están "perdidas" para el Señor). Las dos tribus que quedaron permanecieron un breve tiempo hasta que, a causa de su rebelión, fueron llevadas cautivas a Babilonia5. Una vez que regresaron, fueron favorecidos del Señor, pero una vez más, no le honraron: le rechazaron y le difamaron. El amoroso Padre, entristecido, juró: "os esparciré entre las naciones"6 y así lo hizo; entre todas las naciones.
Israel será recogido
La promesa de Dios del recogimiento del esparcido Israel ha sido igualmente categórica7. Isaías, por ejemplo, previó que en los últimos días el Señor enviaría "mensajeros veloces" a la esparcida "nación de elevada estatura y tez brillante"8.
Esa promesa del recogimiento, que se encuentra por todas las Escrituras, se cumplirá tan ciertamente como se cumplieron las profecías del esparcimiento de Israel9.
La Iglesia de Jesucristo en el meridiano de los tiempos y la apostasía
Antes de Su crucifixión, el Señor Jesucristo estableció Su Iglesia, la cual comprendió apóstoles, profetas, setentas, maestros, etc.10. Y el Maestro envió a Sus discípulos a todo el mundo a predicar Su Evangelio11.
Con el paso del tiempo, la Iglesia que estableció el Señor cayó en la decadencia espiritual. Sus enseñanzas fueron modificadas y sus ordenanzas, cambiadas. Llegó la gran apostasía como lo había predicho Pablo, quien sabía que el Señor no vendría "sin que antes [viniese] la apostasía"12.
Esa gran apostasía siguió el modelo que había puesto fin a cada una de las dispensaciones anteriores. La primera dispensación tuvo lugar en la época de Adán. Posteriormente, vinieron las dispensaciones de Enoc, de Noé, de Abraham, de Moisés y otras. Cada profeta tuvo el encargo divino de enseñar acerca de la divinidad y de la doctrina del Señor Jesucristo. En cada dispensación, esas enseñanzas tuvieron por objeto ayudar a las personas, pero la desobediencia de éstas tuvo como resultado la apostasía. De ese modo, todas las dispensaciones anteriores estuvieron limitadas tanto con respecto al tiempo como al lugar. Estuvieron limitadas con respecto al tiempo debido a que cada una terminó en apostasía, y estuvieron limitadas con respecto al lugar ya que se restringieron a un segmento relativamente pequeño del planeta Tierra.
La restauración de todas las cosas
Así vemos que era necesaria una restauración total. Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo llamaron al profeta José Smith a ser el profeta de esta dispensación. Todos los poderes divinos de las dispensaciones anteriores debían restaurarse por conducto de él13. Esta dispensación del cumplimiento de los tiempos no había de ser limitada en lo referente a tiempo ni a lugar, puesto que no terminaría en apostasía y llenaría todo el mundo14.
El recogimiento de Israel: parte integral de la restauración de todas las cosas
Como profetizaron Pedro y Pablo, todas las cosas habían de ser restauradas en esta dispensación. Por consiguiente, debe venir, como parte de esa restauración, el largamente esperado recogimiento del Israel disperso15. Es el preludio indispensable de la segunda venida del Señor16.
Esta doctrina del recogimiento es una de las enseñanzas importantes de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. El Señor ha dicho: "…os doy una señal… que recogeré a mi pueblo de su larga dispersión, oh casa de Israel, y estableceré otra vez entre ellos mi Sión"17. La salida a luz del Libro de Mormón es una señal para el mundo entero de que el Señor ha comenzado a recoger a Israel y a cumplir los convenios que hizo con Abraham, con Isaac y con Jacob18. No sólo enseñamos esta doctrina, sino que tomamos parte en ella. Lo hacemos al ayudar a congregar a los escogidos del Señor en los dos lados del velo.
El Libro de Mormón es fundamental para esta obra, pues proclama la doctrina del recogimiento19; motiva a las personas a aprender acerca de Jesucristo, a creer en Su Evangelio y a unirse a Su Iglesia. De hecho, si no existiera el Libro de Mormón, el prometido recogimiento de Israel no se llevaría a cabo20.
Para nosotros, el honrado nombre de Abraham es importante. Éste se menciona en más versículos de las Escrituras de la Restauración que en todos los versículos de la Biblia21. Todos los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días están vinculados con Abraham22. El Señor reafirmó el convenio de Abraham en nuestra época por medio del profeta José Smith23. En el templo, recibimos nuestras máximas bendiciones como descendientes de Abraham, de Isaac y de Jacob24.
La dispensación del cumplimiento de los tiempos
Esta dispensación del cumplimiento de los tiempos fue prevista por Dios como el tiempo del recogimiento, tanto en el cielo como en la tierra. Pedro sabía que, tras un período de apostasía, vendría la restauración. Él, que estuvo con el Señor en el Monte de la Transfiguración, dijo:
"Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,…
"a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo"25.
En los tiempos actuales, los apóstoles Pedro, Santiago y Juan fueron enviados por el Señor con "las llaves de [Su] reino y una dispensación del evangelio para los últimos tiempos; y para el cumplimiento de los tiempos", en la cual Él juntaría "en una todas las cosas, tanto las que están en el cielo, como las que están en la tierra"26.
En 1830, el profeta José Smith supo del mensajero celestial llamado Elías, quien poseía las llaves para llevar a cabo "la restauración de todas las cosas"27.
Seis años después, se dedicó el Templo de Kirtland. Tras haber aceptado el Señor esa santa casa, vinieron mensajeros celestiales con llaves del sacerdocio. Se apareció Moisés28 y "entregó las llaves del recogimiento de Israel de las cuatro partes de la tierra, y de la conducción de las diez tribus desde el país del norte.
"Después de esto, apareció Elías y entregó la dispensación del evangelio de Abraham, diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia serían bendecidas todas las generaciones después de nosotros"29.
En seguida, vino Elías el profeta y proclamó: "He aquí, ha llegado plenamente el tiempo del cual se habló por boca de Malaquías, testificando que él [Elías el profeta] sería enviado antes que viniera el día grande y terrible del Señor, para hacer volver el corazón de los padres a los hijos, y el de los hijos a los padres, para que el mundo entero no fuera herido con una maldición"30.
Esos sucesos ocurrieron el 3 de abril de 183631 y así se cumplió la profecía de Malaquías32. Se restauraron las sagradas llaves de esta dispensación33.
El recogimiento de las almas al otro lado del velo
Felizmente, la invitación a "venir a Cristo"34 también puede hacerse a los que han muerto sin conocimiento del Evangelio35. Parte de la preparación de ellos requiere la obra terrenal de otras personas. Recogemos datos para los cuadros genealógicos, preparamos registros de grupo familiar y efectuamos vicariamente la obra del templo a fin de recoger a las personas para el Señor y en sus familias36.
Participar en el recogimiento: un cometido por convenio
Aquí en la tierra, la obra misional es de importancia fundamental para el recogimiento de Israel. El Evangelio debe llevarse primero "a las ovejas perdidas de la casa de Israel"37. Por lo tanto, siervos del Señor han salido a proclamar la Restauración. En muchas naciones, nuestros misioneros han buscado a los dispersos de Israel; los han cazado "por las cavernas de los peñascos" y los han pescado como en los tiempos antiguos38.
La opción de venir a Cristo no depende del lugar donde se viva, sino que es asunto de dedicación individual. Las personas pueden "[ser llevadas] al conocimiento del Señor"39 sin dejar su tierra natal. Cierto es que, en los primeros días de la Iglesia, la conversión solía comprender también la emigración. Pero en la actualidad, el recogimiento se lleva a cabo en cada nación. El Señor ha decretado el establecimiento de Sión40 en cada lugar donde Él ha dado a Sus santos su nacimiento y su nacionalidad. Las Escrituras predicen que las personas "[serán reunidas] en las tierras de su herencia, y [serán establecidas] en todas sus tierras de promisión"41. "Cada nación es el lugar de recogimiento de su propia gente"42. El lugar de recogimiento de los santos brasileños es Brasil; el lugar de recogimiento de los santos nigerianos es Nigeria; el lugar de recogimiento de los santos coreanos es Corea, y así, sucesivamente. Sión es "los puros de corazón"43. Sión es cualquier lugar donde haya santos justos. Tanto las publicaciones como las comunicaciones y las congregaciones han llegado a tal punto de adelanto que casi todos los miembros de la Iglesia tienen acceso a las doctrinas, a las llaves, a las ordenanzas y a las bendiciones del Evangelio, vivan donde vivan.
La seguridad espiritual siempre dependerá de la forma en que se viva y no de dónde se viva. Los santos de todos los países tienen el mismo derecho a recibir las bendiciones del Señor.
Esta obra de Dios Todopoderoso es verdadera. Él vive. Jesús es el Cristo. Ésta es Su Iglesia, restaurada para llevar a cabo su destino divino, incluso el prometido recogimiento de Israel. El presidente Gordon B. Hinckley es el profeta de Dios hoy en día, y de ello doy testimonio en el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. Véase Génesis 12:1–2; D. y C. 132:29–32; Abraham 2:6–11.
2. Véase Génesis 26:1–4, 24, 28; 35:9–13; 48:3–4; Juan 8:33, 39; Hechos 3:25; 1 Nefi 17:40; 2 Nefi 29:14; Jacob 5; Éter 13:7–8; D. y C. 52:2.
3. Véase, por ejemplo, 1 Nefi 15:12–18.
4. Véase 1 Nefi 14:14; 15:14; 2 Nefi 30:2; Mosíah 24:13; 3 Nefi 29:3; Mormón 8:15; D. y C. 133:26–34.
5. La tribu de Leví suministró los sacerdotes entre los del pueblo y no fue contada como tribu ni recibió heredad. A los dos hijos de José, Manasés y Efraín, se les dieron tierras por herencia y fueron contados entre las tribus en lugar de su padre José. Así se conservó la cantidad de doce tribus.
6. Levítico 26:33; véase también Jeremías 9:16.
7. Véase Génesis 22:16–18; 3 Nefi 20–22; Abraham 2:10–11.
8. Isaías 18:2, 7.
9. Véase Levítico 26:44; Deuteronomio 4:27–31; 28; 29; 30:2–5; Nehemías 1:9; Isaías 11:11–12; Jeremías 31:7–8, 10–12; Ezequiel 37:21–22; Amós 9:14–15; Mateo 24:31; Jacob 6:2; véase también Russell M. Nelson, "El éxodo se repite", Liahona, abril de 2002, págs. 30–39.
10. Véase Lucas 10: 1, 17; Efesios 4:11; Artículos de Fe 1:6.
11. Véase Mateo 28:19–20; Marcos 16:15.
12. 2 Tesalonicenses 2:3.
13. Véase D. y C. 128:18; 132:45.
14. Véase Isaías 27:6.
15. Véase 1 Nefi 15:18; véase también la portada del Libro de Mormón, segundo párrafo.
16. Véase D. y C. 133:17.
17. 3 Nefi 21:1.
18. Véase Génesis 12:2–3; 26:3–4; 35:11–12; y los encabezamientos de los capítulos 21 y 29 de 3 Nefi.
19. Las doctrinas referentes al esparcimiento y al recogimiento de la casa de Israel se encuentran entre las primeras lecciones que se enseñan en el Libro de Mormón: "…después que la casa de Israel fuese esparcida, sería de nuevo recogida… las ramas naturales del olivo, o sea, los restos de la casa de Israel, serían injertados, o llegarían al conocimiento del verdadero Mesías, su Señor y su Redentor" (1 Nefi 10:14).
20. Véase Bruce R. McConkie, A New Witness for the Articles of Faith, 1985, pág. 554.
21. Abraham se menciona en 506 versículos de las Escrituras; 216 se encuentran en la Biblia y 290 en las Escrituras de la Restauración.
22. El convenio también se puede recibir por adopción (véase Mateo 3:9; Lucas 3:8; Gálatas 3:26–29; 4:5–7; Abraham 2:9–10).
23. Véase D. y C. 124:58; 132:31–32.
24. Véase D. y C. 84:33–40; 132:19; Abraham 2:11.
25. Hechos 3:19, 21.
26. D. y C. 27:13. Pablo también profetizó de nuestra época que el Señor se había propuesto "reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Efesios 1:10).
27. D. y C. 27:6.
28. Es apropiado que Moisés, que fue el que condujo por primera vez a los hijos de Dios a la tierra de su herencia, haya sido el que entregó a la Iglesia restaurada las llaves del recogimiento de Israel. Moisés ministró a Pedro, Santiago y Juan en el Monte de la Transfiguración, y allí les confirió a ellos las mismas llaves del sacerdocio durante la época de éstos. En la conferencia de la Iglesia de abril de 1840, el profeta José Smith designó a Orson Hyde para que fuese a Jerusalén a dedicar la tierra para el regreso de los judíos y del Israel esparcido44. El domingo 4 de octubre de 1840, el élder Hyde se arrodilló en el monte de los Olivos y dedicó aquella tierra para el recogimiento de los judíos y de Israel en su antigua heredad.
29. D. y C. 110:11–12.
30. D. y C. 110:14–15.
31. Es notable el hecho de que Moisés, Elías y Elías el profeta hayan venido el domingo de la Pascua de Resurrección, al comienzo de la Pascua judía.
32. Véase Malaquías 4:5–6.
33. Véase D. y C. 110:16.
34. Jacob 1:7; Omni 1:26; Moroni 10:30, 32; D. y C. 20:59.
35. Véase D. y C. 137:6–8.
36. Véase 1 Corintios 15:29; 1 Pedro 4:6.
37. Mateo 10:6; 15:24.
38. Véase Jeremías 16:16.
39. 3 Nefi 20:13.
40. Véase D. y C. 6:6; 11:6; 12:6; 14:6.
41. 2 Nefi 9:2.
42. Bruce R. McConkie, en Conference Report, Mexico City Mexico Area Conference, 1972, pág 45.
43. D. y C. 97:21.
44. Véase 2 Nefi 9:2; 10:7–9; 25:16–17, 20; 3 Nefi 21:22–28; D. y C. 29:7–8.
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Presidente James E. Faust Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Creemos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una restauración de la Iglesia original que estableció Jesucristo.
Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días nos preocupamos por todos los hijos de Dios que viven o que han vivido sobre la faz de la tierra. "Nuestro mensaje", declaró la Primera Presidencia en 1978, "refleja el amor que sentimos por la humanidad y el interés en su bienestar eterno, sin importarnos sus creencias religiosas, su raza o nacionalidad, sabiendo sin lugar a dudas que somos hermanos y hermanas debido a que somos hijos e hijas del mismo Padre Eterno"1. Tal como el élder Dallin H. Oaks dijo hace unos años:
"La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene muchas creencias en común con otras iglesias cristianas, pero también tenemos diferencias, y son esas diferencias las que explican por qué enviamos misioneros a otros cristianos, por qué edificamos templos, además de las capillas, y por qué nuestras creencias nos brindan tanta felicidad y fortaleza para hacer frente a las dificultades de la vida y de la muerte"2.
Hoy deseo testificar de la plenitud del Evangelio restaurado de Jesucristo, la cual contribuye de manera positiva a las creencias religiosas de otras denominaciones, sean cristianas o no. Originalmente, esa plenitud fue establecida por el Salvador durante Su ministerio terrenal, pero entonces se produjo un alejamiento.
Algunos de los primeros apóstoles sabían que se produciría una apostasía antes de la segunda venida del Señor Jesucristo. De hecho, Pablo escribió a los tesalonicenses al respecto: "Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía"3.
Durante la apostasía se perdieron las llaves del sacerdocio, y algunas de las preciadas doctrinas de la Iglesia que organizó el Salvador fueron alteradas, entre las que destacan el bautismo por inmersión4; la recepción del Espíritu Santo mediante la imposición de manos5; la naturaleza de la Trinidad, respecto a que son tres Personajes diferentes6; que toda la humanidad resucitará merced a la Expiación de Cristo,"así… justos como… injustos7; la revelación continua, en cuanto a que los cielos no están cerrados8; y la obra del templo tanto por los vivos como por los muertos9.
El período siguiente se llegó a conocer como el Oscurantismo. Dicho alejamiento de la verdad fue predicho por el apóstol Pedro cuando declaró que "es necesario que el cielo reciba [a Jesucristo] hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo"10. La restitución sólo sería necesaria si se hubieran perdido esas cosas preciadas.
Durante los siglos siguientes, hombres religiosos admitieron que se había producido un alejamiento o una apostasía gradual de la Iglesia que organizó Jesucristo. Algunos de esos hombres padecieron enormemente por sus creencias durante la etapa que se denominó la Reforma, un movimiento del siglo XVI que tenía por objeto reformar el cristianismo occidental, lo cual desembocó en la separación de las iglesias protestantes de la corriente principal del cristianismo.
Entre aquellos reformadores estaba el reverendo John Lathrop, vicario de la Iglesia de Egerton en Kent, Inglaterra. Dicho sea de paso, el profeta José Smith es descendiente de John Lathrop. En 1623, este hombre dimitió de su cargo porque cuestionaba la autoridad de la Iglesia Anglicana para actuar en el nombre de Dios. Al leer la Biblia, se dio cuenta de que las llaves apostólicas no estaban en la tierra. En 1632 se convirtió en ministro religioso de una iglesia independiente e ilegal y fue encarcelado. Su esposa falleció mientras él estaba en la cárcel y sus hijos, huérfanos, suplicaron al obispo que lo liberara. Éste accedió a su liberación a cambio de que Lathrop dejara el país, lo cual hizo, y con 32 miembros de su congregación se embarcó con destino a los Estados Unidos11.
Roger Williams, pastor del siglo XVII que fundó Rhode Island, se negó a seguir como pastor religioso en Providence alegando que no había "ninguna iglesia de Cristo debidamente constituida sobre la tierra, ni persona alguna autorizada para administrar ninguna de las ordenanzas de la Iglesia, ni las [podía] haber hasta que [fuesen] enviados nuevos apóstoles por el gran Director de la Iglesia, cuya venida yo busco"12.
Ésos son tan sólo dos eruditos religiosos que reconocieron la existencia de una apostasía de la Iglesia organizada por Jesucristo y la necesidad de restaurar las llaves del sacerdocio, las cuales se habían perdido. El apóstol Juan vio en una visión la época cuando "[volaría] por en medio del cielo… otro ángel, que [tendría] el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua y pueblo"13. Esta profecía se ha cumplido. Dado que nosotros creemos que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud por el profeta José Smith en nuestros días, deseamos dar a todos la oportunidad de conocer y aceptar este mensaje.
En la Iglesia restaurada contamos ahora con apóstoles, profetas, pastores, maestros y evangelistas, los cuales Pablo mencionó al dirigirse a los efesios14. El Salvador estableció esos oficios del sacerdocio cuando organizó Su Iglesia en el meridiano de los tiempos. Reconocemos los dos órdenes del sacerdocio y sus correspondientes oficios: el sacerdocio menor es el Sacerdocio Aarónico, nombre que recibe de Aarón; y el sacerdocio mayor es el Sacerdocio de Melquisedec, que recibe su nombre de Melquisedec, a quien Abraham pagó el diezmo. El Sacerdocio Aarónico fue restaurado el 15 de mayo de 1829 por Juan el Bautista, y el Sacerdocio de Melquisedec fue restaurado antes de haber transcurrido un mes por los apóstoles de la antigüedad, Pedro, Santiago y Juan, a José Smith y Oliver Cowdery. Por ello los poseedores actuales del sacerdocio afirman tener el poder para actuar en el nombre de Dios por medio del sacerdocio, "el poder que se respeta tanto en el cielo como en la tierra"15.
En el Templo de Kirtland, el 3 de abril de 1836, Moisés se apareció a José Smith y a Oliver Cowdery, y les entregó las llaves del recogimiento de Israel. Después, Elías se apareció y entregó la dispensación del Evangelio de Abraham, "diciendo que en nosotros y en nuestra descendencia serían bendecidas todas las generaciones después de nosotros"16. Tras él se presentó Elías el profeta, quien les entregó las llaves de esta dispensación, llaves que incluyen el poder para sellar y atar en el cielo lo que se ate en la tierra en el interior de los templos17. De ese modo, los profetas de dispensaciones anteriores del Evangelio entregaron sus llaves al profeta José Smith en ésta, la "dispensación del cumplimiento de los tiempos", de la que habló el apóstol Pablo a los efesios18.
Me siento agradecido por que el Señor consideró establecer nuevamente la ley del diezmo y las ofrendas entre Su pueblo. Cuando guardamos la ley del diezmo, las ventanas de los cielos se abren de par en par para nosotros, y recibimos grandes bendiciones cuando tenemos la fe para observar dicha ley.
A lo largo de la historia de la tierra, la adoración en el templo ha sido una parte importante de la devoción de los santos, pues mediante ella muestran su deseo de acercarse más a su Creador. El templo fue un lugar de aprendizaje para el Salvador cuando se hallaba en la tierra; era parte integral de Su vida. Las bendiciones del templo vuelven a estar a nuestro alcance en la actualidad. Algo exclusivo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la enseñanza que relaciona los templos con la trascendencia eterna de lo que sucede en ellos. Tenemos templos majestuosos y hermosos en gran parte de la tierra, y en ellos se realiza una obra sumamente sagrada. El presidente Gordon B. Hinckley ha dicho de ellos: "Hay muy pocos lugares en la tierra donde las preguntas del hombre sobre la vida reciban respuestas de la eternidad"19. Los solemnes misterios en cuanto a de dónde venimos, por qué estamos aquí y a dónde vamos obtienen una respuesta más plena en los templos. Vinimos de la presencia de Dios y estamos en la tierra para prepararnos para volver a Su presencia.
Pero mayor importancia tiene el que, dentro de los templos, los esposos y las esposas realizan convenios eternos sellados por la autoridad del sacerdocio. Los hijos que nacen de esa unión, si son dignos, pueden disfrutar de una relación eterna como parte de una familia y como hijos de Dios. El apóstol Juan escribió: "Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son?… Por esto están delante del trono de Dios, y le sirven día y noche en su templo"20.
El Señor ha dicho que Su obra consiste en "llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre"21, de lo cual se desprende que toda persona, viva o muerta, tendrá la oportunidad de oír el Evangelio, ya sea en esta vida o en el mundo de los espíritus. Pablo dijo a los corintios: "De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos, si en ninguna manera los muertos resucitan? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?"22. Por esa razón realizamos ordenanzas en los templos a favor de nuestros antepasados que han fallecido. No por ello se restringe la capacidad de elegir ni el albedrío de nadie. Aquellos por quienes se realiza la obra pueden aceptarla o no, como ellos decidan.
El apóstol Juan vio en una visión la época en que un ángel descendería a la tierra como parte de la restauración del Evangelio. Ese ángel fue Moroni, el que se apareció a José Smith y le indicó dónde se hallaban unas planchas de oro con escritos antiguos. José Smith procedió a traducir esas planchas por el don y el poder de Dios, y todo ello se publicó con el nombre del Libro de Mormón. Éste es un registro de dos grupos de personas que vivieron hace siglos en el continente americano. Poco se sabía de ellos antes de la publicación del Libro de Mormón, pero lo realmente importante es que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo que ha restaurado preciadas verdades relativas a la Caída, a la Expiación, a la Resurrección y a la vida después de la muerte.
Antes de la Restauración, los cielos habían estado cerrados durante siglos, pero con los profetas y apóstoles otra vez sobre la tierra, los cielos se abrieron de nuevo con visiones y revelaciones. Muchas de las revelaciones que recibió José Smith se publicaron en un libro que llegó a conocerse como Doctrina y Convenios, el cual arroja mayor luz sobre los principios y las ordenanzas, y constituye una valiosa fuente de consulta sobre la estructura del sacerdocio. Además, tenemos otro libro de Escrituras: la Perla de Gran Precio. Éste incluye el libro de Moisés, que José Smith recibió por revelación, y el libro de Abraham, que tradujo de un papiro egipcio que había adquirido. Aparte de obtener mucha más información sobre Moisés, Abraham, Enoc y otros profetas, de ambos documentos aprendemos muchos detalles adicionales sobre la Creación. Aprendemos que el Evangelio de Jesucristo se enseñó a todos los profetas desde el principio, incluso desde la época de Adán23.
Creemos que La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la restauración de la Iglesia original que estableció Jesucristo, que se edificó "sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo"24. Esta Iglesia no procede de la división de ninguna otra iglesia.
Creemos que el Evangelio de Jesucristo ha sido restaurado en su plenitud, pero éste no es motivo para que nadie se sienta superior a ningún otro hijo de Dios. Antes bien, ello conlleva una obligación mayor, como es la de aplicar la esencia del Evangelio de Cristo en nuestra vida, a fin de amar, servir y bendecir a los demás. De hecho, tal y como la Primera Presidencia declaró en 1978, creemos que "los grandes líderes religiosos del mundo como Mahoma, Confucio y los Reformadores, al igual que los filósofos como Sócrates, Platón y otros, recibieron una porción de la luz de Dios. Dios les concedió verdades morales para iluminar a naciones enteras y para llevar un mayor nivel de entendimiento a las personas"25. Por ello, respetamos las creencias religiosas sinceras de los demás y apreciamos que se tenga la misma cortesía y respeto por las creencias que nosotros valoramos.
Tengo un testimonio personal de la veracidad de los convenios, las enseñanzas y la autoridad restaurados por conducto del profeta José Smith. Esta certeza me ha acompañado toda la vida. Me siento agradecido por que la restauración de la plenitud del Evangelio tuvo lugar en nuestra época, pues en ella se halla el sendero que conduce a la vida eterna. Ruego que nos acompañen la fortaleza, la paz y el interés de Dios el Padre y el amor y la gracia eternos del Señor Jesucristo. En el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. "Declaración de la Primera Presidencia sobre el amor de Dios por todo el género humano", 15 de febrero de 1978.
2. "La Apostasía y la Restauración", Liahona, julio de 1995, pág. 95.
3. 2 Tesalonicenses 2:3; cursiva agregada.
4. Véase Marcos 1:9–10.
5. Véase Hechos 8:14–17; 19:3–6.
6. Véase Mateo 3:17; Hechos 7:55; D. y C. 130:22.
7. Hechos 24:15.
8. Véase Daniel 2:28; Amós 3:7; D. y C. 121:26.
9. Véase Abdías 1:21; Malaquías 4:6; 1 Corintios 15:29; Apocalipsis 7:15.
10. Hechos 3:20–21.
11. Véase Mark E. Petersen, The Great Prologue, 1975, págs. 34–35.
12. Véase William Cullen Bryant, editor, Picturesque America; or, the Land We Live In, 2 tomos, 1872–1874, tomo I, pág. 502; véase también LeGrand Richards, Una Obra Maravillosa y un Prodigio, pág. 26.
13. Apocalipsis 14:6.
14. Véase Efesios 4:11.
15. James E. Talmage, Artículos de Fe, pág. 227.
16. D. y C. 110:12.
17. D. y C. 110:13–16.
18. Efesios 1:10.
19. "Why These Temples?", Temples of The Church of Jesus Christ of Latter-day Saints, 1999, pág.14.
20. Apocalipsis 7:13, 15.
21. Moisés 1:39.
22. 1 Corintios 15:29.
23. Moisés 5:58; 8:19; Abraham 2:10–11.
24. Efesios 3:20.
25. Declaración de la Primera Presidencia, 15 de febrero de 1978.
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Élder Robert D. Hales Del Quórum de los Doce Apóstoles
[La] mano [del Señor] ha estado sobre la obra de la Restauración desde antes de la fundación de este mundo y continuará hasta Su Segunda Venida.
Este año conmemoramos el bicentenario del nacimiento del profeta José Smith. Testificamos al mundo que él fue el profeta de Dios preordenado para llevar a cabo la restauración del Evangelio de Jesucristo. Esto lo hizo bajo la dirección de nuestro Salvador, quien le dijo a un antiguo profeta: "Jehová es mi nombre, y conozco el fin desde el principio; por lo tanto, te cubriré con mi mano"1.
Reconozco la mano del Señor en la restauración del Evangelio. Mediante el inspirado sacrificio de los hijos de Dios a través de las edades, se estableció el fundamento de esa Restauración, y el mundo se prepara para la Segunda Venida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Su Evangelio se estableció por primera vez en la tierra con Adán y se ha enseñado en cada dispensación por medio de profetas como Enoc, Noé, Abraham, Moisés y otros. Cada uno de esos profetas predijo la venida de Jesucristo para expiar los pecados del mundo, y esas profecías se han cumplido. El Salvador estableció Su Iglesia, llamó a Sus apóstoles y estableció Su sacerdocio, pero lo más importante es que dio Su vida y la volvió a tomar para que todos nos levantáramos de nuevo, llevando a cabo así el sacrificio expiatorio. Pero ése no fue el fin.
Después de Su resurrección, el Salvador dio a Sus apóstoles la responsabilidad de dirigir la Iglesia y administrar las ordenanzas del Evangelio. Fieles a ese mandato, fueron perseguidos y algunos padecieron el martirio. Como resultado, la autoridad del sacerdocio del Señor dejó de estar en la tierra, y el mundo cayó en la oscuridad espiritual. En los siglos posteriores, los hijos de Dios tuvieron la Luz de Cristo, podían orar y podían sentir la influencia del Espíritu Santo, pero la plenitud del Evangelio se había perdido. En la tierra no quedaba nadie que tuviera el poder y la autoridad para dirigir la Iglesia o que efectuara ordenanzas sagradas como el bautismo, el otorgamiento del don del Espíritu Santo y las ordenanzas salvadoras del templo. A casi todas las personas se les negó el acceso a las Escrituras y la mayoría de ellas eran analfabetas.
El primer paso de la restauración del Evangelio fue hacer accesibles las Escrituras a los hijos de Dios y ayudarles a aprender a leerlas. Originalmente, la Biblia se escribió en hebreo y en griego, idiomas desconocidos para la gente común de Europa. Luego, unos 400 años después de la muerte del Salvador, Jerónimo tradujo la Biblia al latín; aún así, las Escrituras no estaban disponibles para un gran número de personas. Las copias había que hacerlas a mano, trabajo que por lo general hacían los monjes, y hacer cada una de ellas llevaba años.
Luego, mediante la influencia del Espíritu Santo, comenzó a crecer en el corazón de las personas el interés por el aprendizaje. Ese renacimiento se esparció por Europa, y a fines del siglo XIV, un sacerdote de nombre John Wiclef inició una traducción de la Biblia del latín al inglés. Debido a que en aquel entonces el inglés era un idioma emergente y poco refinado, los líderes de la Iglesia lo consideraron inapropiado para comunicar la palabra de Dios. Algunos líderes estaban seguros de que si las personas pudiesen leer e interpretar la Biblia ellos mismos, se corrompería la doctrina; otros temían que la gente que tuviera acceso independiente a las Escrituras no necesitaría la Iglesia y cesaría de apoyarla económicamente; por lo tanto, a Wiclef se le acusó de hereje, y se le trató como tal; después de que murió y se le sepultó, desenterraron sus huesos y los quemaron. Pero la obra de Dios no se pudo detener.
Aunque algunos fueron inspirados a traducir la Biblia, otros recibieron inspiración para preparar los medios para publicarla. Para 1455, Juan Gutenberg había inventado la imprenta de tipo móvil, y la Biblia fue uno de los primeros libros que imprimió. Por primera vez fue posible imprimir múltiples copias de las Escrituras a un precio asequible para muchos.
Mientras tanto, la inspiración de Dios también ejerció su influencia en los exploradores. En 1492, Cristóbal Colón se dispuso a encontrar una nueva ruta al Lejano Oriente, guiado por la mano de Dios en su jornada. Él dijo: "Dios me dio la fe y luego el valor"2.
Esos inventos y descubrimientos prepararon el camino para otras aportaciones. A principios del siglo XVI, el joven William Tyndale se matriculó en la Universidad de Oxford, donde estudió la obra de la Biblia realizada por el erudito Erasmo, quien creía que las Escrituras eran "el alimento para el alma [del hombre]; y… [que] deben penetrar hasta lo más profundo de [su] corazón y [su] mente"3. Por medio de sus estudios, Tyndale adquirió amor por la palabra de Dios y el deseo de que todos los hijos de Dios se deleitaran con dicha palabra.
Más o menos en esa época, un monje y profesor alemán llamado Martín Lutero señaló 95 puntos de error en la Iglesia de esa época, los cuales audazmente envió a sus superiores en una carta. En Suiza, Huldrych Zwingli imprimió 67 artículos de reforma. Juan Calvino, en Suiza, Juan Knox, en Escocia, y muchos otros ayudaron en esa labor. Se había iniciado la Reforma.
Mientras tanto, William Tyndale se había convertido en un sacerdote capacitado y hablaba ocho idiomas con fluidez. Él creía que una traducción directa del griego y del hebreo al inglés sería más exacta y más fácil de leer que la traducción que Wiclef había hecho del latín; por lo tanto, iluminado por el Espíritu de Dios, Tyndale tradujo el Nuevo Testamento y una parte del Antiguo Testamento. Sus amigos le advirtieron que perdería la vida si lo hacía, pero estaba decidido. Una vez, mientras discutía con un erudito, dijo: "Si Dios me salva la vida, en pocos años yo haré que un simple muchacho de granja sepa más que usted acerca de las Escrituras"4.
Con el tiempo, Tyndale, como otros, fue muerto por sus esfuerzos: fue estrangulado y quemado en la hoguera cerca de Bruselas. Pero la creencia por la cual había dado su vida no se perdió. Millones de personas han llegado a experimentar por sí mismas lo que Tyndale enseñó a lo largo de su vida: "La naturaleza de la palabra de Dios es que todo el que la lea... comience a mejorar de inmediato y día a día, hasta desarrollarlo y convertirlo en hombre perfecto"5.
Las épocas de turbulencia política produjeron cambios. Debido a desacuerdos con la Iglesia de Roma, el rey Enrique VIII se declaró a sí mismo cabeza de la Iglesia en Inglaterra y mandó que se colocaran copias de la Biblia en inglés en cada una de las parroquias. La gente, que tenía hambre del Evangelio, acudió a esas Iglesias, y se leían las Escrituras unos a otros hasta que se quedaban sin voz. La Biblia también se utilizaba como texto básico de enseñanza de la lectura. Aunque los martirios continuaron a través de Europa, la noche oscura de la ignorancia estaba llegando a su fin. Un predicador declaró antes de ser quemado: "Este día, por la gracia de Dios, encenderemos esa luz en Inglaterra, que confío nunca se extinguirá"6.
Expresamos gratitud a todos lo que vivieron en Inglaterra y a lo largo y ancho de Europa y que ayudaron a encender esa luz. Por la gracia de Dios, la luz se volvió más brillante. El rey Santiago I, de Inglaterra, consciente de las divisiones que existían en su propio país, accedió a la preparación de una nueva versión oficial de la Biblia. Se calcula que en la versión del rey Santiago7 se retuvo más del 80 por ciento de la traducción que William Tyndale hizo del Nuevo Testamento y una gran parte del Antiguo Testamento (el Pentateuco, o sea, desde Génesis hasta Deuteronomio, y desde Josué hasta Crónicas). Con el tiempo, esa versión llegaría a una nueva tierra, donde la leería un muchacho de granja de catorce años llamado José Smith. ¿Es de sorprender que la versión del rey Santiago sea la versión de la Biblia en inglés aprobada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días en la actualidad?
La persecución religiosa en Inglaterra continuó bajo Carlos, el hijo de Santiago, y muchos fueron motivados a buscar la libertad en nuevas tierras, entre ellos los peregrinos que desembarcaron en las Américas en 1620, la parte del mundo que Cristóbal Colón había explorado hacía más de cien años. Al poco tiempo, siguieron otros colonizadores, entre ellos Roger Williams, fundador y más tarde gobernador de Rhode Island, que seguía buscando la Iglesia verdadera de Cristo. Williams dijo que no existía ninguna Iglesia de Cristo debidamente constituida sobre la tierra, ni persona alguna autorizada para administrar ninguna de las ordenanzas de la Iglesia, ni que la podría haber hasta que fuesen enviados nuevos apóstoles por el gran Director de la Iglesia, cuya venida él buscaba"8.
Más de un siglo después, ese mismo sentimiento religioso guió a los fundadores de una nueva nación que surgió en el continente americano. Guiados por la mano de Dios, consiguieron la libertad religiosa para todo ciudadano mediante la inspirada Declaración de Derechos. Catorce años más tarde, el 23 de diciembre de 1805, nació el profeta José Smith. La preparación ya casi estaba lista para la Restauración.
Siendo José un joven, "invad[ió] su mente una seria reflexión"9 en cuanto al tema de la religión. Debido a que nació en una tierra que permitía la libertad religiosa, él podía cuestionar cuál de las Iglesias estaba en lo cierto, y ya que la Biblia estaba traducida al inglés, podía buscar una respuesta en la palabra de Dios. En el libro de Santiago, él leyó: "Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios"10, e hizo lo indicado. Como respuesta a la oración de José, aparecieron a éste Dios el Padre y Su Hijo Jesucristo11. Ese humilde niño de granja fue el profeta escogido por Dios para restaurar la antigua Iglesia de Jesucristo y Su sacerdocio en estos últimos días. Dicha Restauración iba a ser la última dispensación, la dispensación del cumplimiento de los tiempos, pues restauraría todas las bendiciones del sacerdocio que el hombre podría poseer en la tierra. Con ese mandato divino, su obra no era la de reformar lo que ya estaba sobre la tierra, ni la de oponerse a ella, sino la de restaurar lo que había habido en la tierra y que se había perdido.
La Restauración comenzó con la Primera Visión en 1820 y continuó con la salida a la luz del Libro de Mormón: Otro Testamento de Jesucristo. El 21 de septiembre de 1823, José Smith recibió la visita del ángel Moroni, que le enseñó en cuanto a un registro antiguo que contenía "la plenitud del evangelio eterno… en preparación para la segunda venida del Mesías"12. Escrito en planchas de oro, el Libro de Mormón da un recuento del ministerio de Cristo en el hemisferio occidental, tal como la Biblia registra Su vida y Su ministerio en la Tierra Santa. José recibió las planchas de oro cuatro años más tarde y, en diciembre de 1827, comenzó a traducir el Libro de Mormón13.
Mientras traducía, José Smith y su escribiente Oliver Cowdery leyeron sobre el bautismo. Su deseo de recibir esa bendición dio lugar a la restauración del Sacerdocio Aarónico el 15 de mayo de 1829, de manos de Juan el Bautista14.
A eso le siguió la restauración del Sacerdocio de Melquisedec, que le fue otorgado a José y a Oliver de manos de los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, quienes poseían las llaves. Después de siglos de oscuridad espiritual, el poder y la autoridad de actuar en el nombre de Dios, de efectuar ordenanzas sagradas y de dirigir Su Iglesia se encontraban nuevamente sobre la tierra.
Las primeras copias impresas del Libro de Mormón se publicaron el 26 de marzo de 1830. Unos días más tarde, el 6 de abril, la Iglesia verdadera de Cristo en estos últimos días se organizó nuevamente en la casa de Peter Whitmer, padre, en Fayette, Nueva York. Al describir los efectos de esos sucesos en el mundo, el élder Parley P. Pratt escribió:
Ya rompe el alba de la verdad y en Sión se deja ver, tras noche de obscuridad,… el día glorioso amanecer15.
La larga noche finalmente había terminado y la revelación fluía, dando como resultado Escrituras adicionales. Doctrina y Convenios fue aceptada por la Iglesia el 17 de agosto de 1835. La traducción del libro de Abraham en la Perla de Gran Precio también se inició ese año.
Al poco tiempo se otorgó más autoridad para actuar en el nombre del Señor. El Templo de Kirtland se dedicó el 27 de marzo de 183616, y allí el Salvador se apareció a José Smith y a Oliver Cowdery, donde posteriormente aparecieron Moisés, Elías y Elías el profeta, quienes entregaron llaves adicionales del sacerdocio al Profeta17.
Esta luz del Evangelio nunca más sería quitada de la tierra. En 1844, José Smith confirió todas las llaves del sacerdocio a Brigham Young, a John Taylor, a Wilford Woodruff y a los demás apóstoles. El Profeta dijo: "He vivido hasta ver la carga que descansaba sobre mis hombros, pasar a los de otros hombres... las llaves del reino están plantadas en la tierra para nunca más ser quitadas... No importa qué me suceda a mí"18. Lamentablemente, tres meses después, el 27 de junio, José Smith el Profeta y su hermano Hyrum padecieron el martirio en Carthage, Illinois.
El élder John Taylor, quien estuvo con el Profeta en su martirio, testificó de él: "José Smith, el Profeta y Vidente del Señor, ha hecho más por la salvación del hombre en este mundo, que cualquier otro que ha vivido en él, exceptuando sólo a Jesús"19.
Testifico que la obra del profeta José Smith es la obra del Salvador. En el servicio del Señor la senda no siempre es fácil; muchas veces requiere sacrificios y seguramente pasaremos adversidades. Pero al servirle, descubrimos que Su mano ciertamente nos cubre. Así fue para Wiclef, Tyndale y miles más que prepararon el camino de la Restauración. Así fue para el profeta José Smith y todos aquellos que ayudaron a introducir el Evangelio restaurado. Así es y será para nosotros.
El Señor espera que seamos tan fieles, devotos y valientes como aquellos que nos antecedieron. A ellos se los llamó a dar la vida por el Evangelio. A nosotros se nos llama a vivir por el mismo propósito. En éstos, los últimos días, tenemos motivos especiales para hacerlo.
Antes de esa sagrada noche en Belén, los sucesos de la historia y las palabras de los profetas de todas las dispensaciones prepararon el camino para la primera venida del Señor y Su Expiación. De manera similar, la historia y las profecías establecieron el fundamento para la restauración del Evangelio por medio del profeta José Smith. ¿Tenemos ojos para ver que los sucesos y las profecías de nuestra época están preparándonos para la Segunda Venida del Salvador?
Doy testimonio especial de que nuestro Salvador Jesucristo vive. Testifico que Su mano ha estado sobre la obra de la Restauración desde antes de la fundación de este mundo y continuará hasta Su Segunda Venida.
Que cada uno de nosotros se prepare para recibirlo, es mi humilde oración, en el santo nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. Abraham 2:8.
2. Citado en Mark E. Petersen, The Great Prologue, 1975, pág. 29.
3. Citado en Benson Bobrick, Wide as the Waters: The Story of the English Bible and the Revolution It Inspired, 2001, pág. 89.
4. Citado en S. Michael Wilcox, Fire in the Bones: William Tyndale: Martyr, Father of the English Bible, 2004, pág. 47.
5. Citado en Wilcox, Fire in the Bones, xv.
6. Citado en Bobrick, Wide as the Waters, pág. 168; véase también James E. Kiefer, Biographical Sketches of Memorable Christians of the Past, "Hugh Latimer, Bishop and Martyr", http://justus.anglican .org/resources/bio/269.html.
7. Véase, Wilcox, Fire in the Bones, páginas 125–126, 197; Fox"s Book of Martyrs, William Byron Forbush, ed., 1926, pág. 181.
8. Véase, William Cullen Bryant, ed., Picturesque America; or, the Land We Live In, 2 tomos. (1872–1874), tomo 1, págs. 500–502; véase también, LeGrand Richards, Una Obra Maravillosa y un Prodigio, 1973, pág. 26.
9. José Smith—Historia 1:8.
10. Santiago 1:5.
11. Véase José Smith—Historia 1:11–20.
12. El Libro de Mormón, introducción.
13. Véase José Smith—Historia 1:27–62.
14. Véase D. y C. 13; José Smith—Historia 1:66–72; La historia de la Iglesia en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, 1993, pág. 60.
15. "Ya rompe el alba", Himnos, Nº 1.
16. Véase D. y C. 109.
17. Véase D. y C. 110.
18. Citado por Wilford Woodruff en Deseret News, 21 de diciembre de 1869, pág 2.
19. D. y C. 135:3.
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ÉLDER JEFFREY R. HOLLAND del Quórum de los Doce Apóstoles
La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han sido comisionados por Dios y sostenidos... como profetas, videntes y reveladores.
En nombre de mis hermanos del Quórum de los Doce Apóstoles, permítanme ser el primero en dar la bienvenida a los élderes Dieter Uchtdorf y David Bednar a sus nuevos llamamientos y a la nueva y hermosa asociación que les espera. Cuando se llamó a los primeros Doce en esta dispensación, se les dijo que el nombramiento tenía "por objeto crear entre ustedes un afecto de los unos por los otros más fuerte que la muerte"1. Hermanos, ya sentimos ese afecto por ustedes, sus respectivas esposas y familiares, y, unidos de corazón, les decimos a una voz: "Bienvenidos, queridos amigos".
Haciendo eco a las cariñosas palabras del presidente Hinckley, deseo también expresar ese mismo "afecto más fuerte que... la muerte" y la profunda sensación de pérdida que todos experimentamos ante el fallecimiento de nuestros amados David B. Haight y Neal A. Maxwell. A ambos hermanos y a sus encantadoras Ruby y Colleen, respectivamente, expresamos nuestro amor, nuestra reverencia por su servicio y honramos las vidas ejemplares que llevaron. Cada uno de nosotros considera un extraordinario privilegio el haberlos conocido y prestado servicio a su lado. Serán siempre preciados entre nosotros.
En vista de tan significativas transiciones en el avance de esta obra, quiero decir esta mañana algo sobre el apostolado y la importancia de perpetuarlo en la verdadera Iglesia de Jesucristo. Al hacerlo, no sólo hablo de los hombres que tienen ese oficio sino más bien del oficio en sí, un llamamiento al santo Sacerdocio de Melquisedec que el Salvador mismo ha designado para atender a Su pueblo y testificar de Su nombre.
A fin de establecer una iglesia que continuara bajo Su dirección aun después que Él dejara esta tierra, Jesús "fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios.
"Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles"2.
Tiempo después, Pablo enseñó que el Salvador, sabiendo que Su muerte era inevitable, había hecho eso para dar a la Iglesia un "fundamento de... apóstoles y profetas"3. Esos hermanos y los demás oficiales de la Iglesia prestarían servicio bajo la dirección del Cristo resucitado.
¿Para qué? Entre otras razones para "que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error"4.
Por eso, el objeto del fundamento apostólico y profético de la Iglesia era bendecir en todo momento, pero especialmente en momentos de adversidad o peligro, cuando quizás nos sintamos como niños, confusos y desorientados, tal vez un poco temerosos, momentos en que la mano engañosa del hombre o la malicia del diablo intentan inquietar o desviar. A causa de esos momentos que ocurren en nuestros días, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han sido comisionados por Dios y sostenidos por ustedes como "profetas, videntes y reveladores", con el Presidente de la Iglesia como el profeta, vidente y revelador, el apóstol principal, y como tal, el único hombre autorizado para ejercer todas las llaves reveladoras y administrativas de la Iglesia. En los tiempos del Nuevo Testamento, en los tiempos del Libro de Mormón y en estos tiempos, esos oficiales son las piedras de fundamento de la Iglesia verdadera, colocadas alrededor de la piedra del ángulo, "la roca de nuestro Redentor, el cual es Cristo, el Hijo de Dios"5, y fortalecidos por ella. Él es el "apóstol y sumo sacerdote de nuestra profesión"6, según dijo Pablo. Ese fundamento en Cristo era y siempre será una protección en épocas en que "el diablo lance sus impetuosos vientos, sí, sus dardos en el torbellino, sí, cuando todo su granizo y furiosa tormenta os azoten". En esas épocas, como la que estamos viviendo ahora —y más o menos estaremos viviendo siempre— las tormentas de la vida no tendrán "poder para arrastraros… a causa de la roca sobre la cual estáis edificados, que es un fundamento seguro, un fundamento sobre el cual, si los hombres edifican, no caerán"7.
Hace tres semanas estuve en una conferencia de estaca, en la hermosa comunidad entre las montañas de Prescott, Arizona. Después de las magníficas reuniones de ese fin de semana, una hermana, sin decirme nada, me entregó una nota cuando, junto con otras personas, fue a estrecharme la mano. Con cierta vacilación, les leeré una parte esta mañana. Les pido que se concentren en la doctrina que enseña la hermana y no en los participantes del hecho.
"Estimado élder Holland: Gracias por el testimonio del Salvador y de Su amor que expresó en esta conferencia. Hace cuarenta años, oré intensamente al Señor diciéndole que desearía haber vivido en la época en que había apóstoles en la tierra, en que había una Iglesia verdadera y en que todavía se podía oír la voz de Cristo. Antes de que se cumpliera el año de aquella oración, el Padre Celestial me mandó a dos misioneros y me enteré de que esas esperanzas podían llegar a ser una realidad. Tal vez en algún momento en que se encuentre cansado o preocupado esta nota le ayude a recordar por qué es tan importante para mí y para millones de otras personas oír su voz y estrecharle la mano. Con amor y gratitud, su hermana, Gloria Clements".
Hermana Clements, su afectuosa nota me recordó una esperanza similar, con casi las mismas palabras, que se expresó en mi propia familia. En los años tumultuosos de las primeras colonias de esta nación, Roger Williams, temperamental y decidido antepasado de mi bisabuelo, aunque no completamente por su voluntad, abandonó la colonia de Massachusetts Bay y se estableció en lo que ahora es el estado de Rhode Island. Dio a su nueva localidad el nombre "Providencia", que en sí mismo revela su búsqueda de toda la vida en procura de intervenciones divinas y manifestaciones celestiales. Pero nunca encontró lo que pensaba que sería la verdadera Iglesia de los primeros tiempos del Nuevo Testamento. El legendario Cotton Mather [clérigo y escritor norteamericano] dijo esto del desilusionado indagador: "El señor Williams… [al fin] dijo a [su congregación] que, por haberse dejado engañar él mismo, [los] había [engañado a ellos], y que estaba seguro de que no había nadie en la tierra que pudiera llevar a cabo el bautismo [ni ninguna ordenanza del Evangelio]… así que les aconsejó renunciar a todo… y esperar la venida de nuevos apóstoles"8. Roger Williams no llegó a ver en vida a los esperados nuevos apóstoles, pero en un día futuro espero poder decirle personalmente que su posteridad llegó a verlos.
La ansiedad y la expectativa con respecto a la necesidad de recibir dirección divina no era rara entre los reformadores religiosos que prepararon el escenario para la restauración del Evangelio. Uno de los predicadores más famosos de Nueva Inglaterra, Jonathan Edwards, dijo lo siguiente: "Me parece… algo ilógico imaginar… que hubiera un Dios… que se preocupara tanto [por nosotros]… y que, no obstante, no hablara nunca… que no se oyera una palabra [de Él]"9.
Más adelante, el incomparable Ralph Waldo Emerson sacudió los cimientos mismos de la ortodoxia eclesiástica de Nueva Inglaterra cuando dijo ante la Escuela de Teología de la Universidad de Harvard: "Tengo el deber de decirles que nunca ha habido mayor necesidad que ahora de tener revelación nueva". "La doctrina de la inspiración se ha perdido… Los milagros, la profecía… la vida de santidad son nada más que historia antigua… Los hombres se refieren a la… revelación como algo que se dio hace mucho tiempo y se terminó, como si Dios hubiera muerto... El deber de un buen maestro", dijo, "es demostrarnos que Dios es, no que era; que Él habla, no que hablaba"10. En otras palabras, el Sr. Emerson quería decir: "Si se insiste en dar piedras a la gente cuando viene a buscar pan, al fin dejarán de venir a la panadería"11.
Consideremos esas sorprendentes acusaciones de prominentes figuras de la historia estadounidense, sin mencionar oraciones como la de Gloria Clements, y se destaca en relieve el mensaje de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días especialmente para ustedes, los que han conocido a nuestros misioneros. ¿Profetas? ¿Videntes? ¿Reveladores? Los acontecimientos de 1820 y 1830, y los de casi dos siglos siguientes, proclaman que las revelaciones y aquellos que las reciben no son "algo que se dio hace mucho tiempo y se terminó".
En el mismo año que Emerson dio ese discurso en la Escuela de Teología, en el que implícitamente pedía apóstoles, al élder John Taylor, un joven inmigrante inglés en este país, se le llamaba para ser apóstol del Señor Jesucristo; un profeta, vidente y revelador. En su calidad de apóstol, el élder Taylor dijo una vez en consideración de los indagadores sinceros de la verdad: "¿Quién ha oído jamás hablar de una religión verdadera sin comunicación con Dios? A mí me parece lo más absurdo que la mente humana pueda concebir. No me sorprende que", dijo el hermano Taylor, "cuando la gente rechaza el principio de la revelación presente, el escepticismo y la infidelidad prevalezcan en forma alarmante", continuó, "no me sorprende saber que haya muchos que traten a la religión con contención y que la consideren algo que no es digno de la atención de seres inteligentes, porque sin revelación la religión es una burla y una farsa… El principio de la revelación presente… es el fundamento mismo de nuestra religión"12.
¿El principio de la revelación presente? ¿El fundamento mismo de nuestra religión? Permítanme regresar al presente de esos fundamentos, aquí y ahora, al siglo 21. Para todos y cada uno por igual —eclesiásticos, historiadores y legos— el tema sigue siendo el mismo. ¿Están abiertos los cielos? ¿Revela Dios Su voluntad a profetas y apóstoles como lo hacía en la antigüedad? Que lo están y que Él lo hace es la declaración inquebrantable de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días al mundo entero. Y en esa declaración yace la importancia de José Smith, el Profeta, desde hace casi doscientos años.
Su vida hace y responde la pregunta: "¿Creen que Dios habla al hombre?". De todo lo que logró en sus breves treinta y ocho años y medio de vida, José nos dejó, por sobre todas las cosas, el firme legado de la revelación divina; no una revelación sola y aislada sin evidencia ni trascendencia, ni "una forma sencilla de inspiración que se vierta en la mente de las buenas personas" por todos lados, sino instrucciones específicas, documentadas y constantes de Dios. Como un respetado amigo y erudito Santo de los Últimos Días lo ha aclarado con concisión: "En una época en que los orígenes del cristianismo sufrían ataques de las fuerzas de la Iluminación racional, José Smith [en forma clara y sin ayuda] devolvió el cristianismo moderno a sus orígenes de revelación"13.
En verdad, "te damos, Señor, nuestras gracias" por el Profeta que nos guía en estos últimos días, porque muchos de esos días serán tempestuosos14. Damos gracias por aquella mañana de la primavera de 1820 en que el Padre y el Hijo aparecieron en Su gloria a un muchacho de catorce años. Damos gracias por aquella mañana en que Pedro, Santiago y Juan vinieron a restaurar las llaves del santo sacerdocio y de todos los oficios que le son inherentes. Y en nuestra generación, damos gracias por la mañana del 30 de septiembre de 1961, hizo cuarenta y tres años este fin de semana, en que el entonces élder Gordon B. Hinckley fue llamado al apostolado, el septuagésimo quinto hombre de esta dispensación así llamado. Y de ese modo ha continuado hasta este día y seguirá ininterrumpidamente hasta que venga el Salvador.
En un mundo de agitación y temor, de confusión política y de desviación moral, testifico que Jesús es el Cristo, que Él es el Pan vivo y el Agua viva, todavía y siempre el gran Escudo de seguridad en nuestra vida, la poderosa Roca de Israel, el Ancla de ésta, Su divina Iglesia. Testifico de Sus profetas, videntes y reveladores que constituyen el fundamento constante de esa Iglesia y doy testimonio de que esos oficios y esos oráculos están actualmente en funcionamiento, bajo la dirección del Salvador de todos nosotros, en estos días de tanta necesidad. Doy testimonio de estas verdades y de la divinidad de esta obra. Y de ellos soy testigo, en el nombre de Jesucristo. Amén.
Notas
1. History of the Church, tomo II, pág. 197.
2. Lucas 6:12–13.
3. Véase Efesios 2:19–20.
4. Efesios 4:14.
5. Helamán 5:12.
6. Hebreos 3:1.
7. Helamán 5:12.
8. Magnalia Christi Americana, 1853, tomo II, pág. 498.
9. The Works of Jonathan Edwards, tomo XVIII, The "Miscellanies" 501–832, ed. Ava Chamberlain, 2000, págs. 89–90.
10. The Complete Essays and Other Writings of Ralph Waldo Emerson, ed. Brooks Atkinson, 1940, págs. 75, 71, 80.
11. Louis Cassels, citado por Howard W. Hunter en "Spiritual Famine", Ensign, enero de 1973, pág. 64.
12. "Discourse by John Taylor", Deseret News, 4 de marzo de 1874, pág. 68; cursiva agregada.
13. Véase el escrito de Richard L. Bushman, "A Joseph Smith for the Twenty-First Century", Believing History, 2004. Estas citas se encuentran en la página 274, pero sería conveniente que se leyera todo el escrito.
14. Véase el himno "Te damos, Señor, nuestras gracias", Himnos, N° 10.
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ÉLDER DALLIN H. OAKS Del Quórum de los Doce Apóstoles
Tenemos que hacer preparativos… espirituales para los acontecimientos profetizados para la Segunda Venida.

En la revelación moderna tenemos la promesa de que si estamos preparados no debemos temer (véase D. y C. 38:30). Llegué a conocer ese principio hace 60 años este verano cuando llegué a ser Boy Scout y aprendí el lema scout: "Siempre listos". Hoy me he sentido inspirado a hablar acerca de la importancia de la preparación para un acontecimiento futuro de suprema importancia para cada uno de nosotros: la segunda venida del Señor.
En las Escrituras abundan las referencias acerca de la Segunda Venida, un acontecimiento que los justos esperan con ansias, y al que temen o niegan los inicuos. Los fieles de todos los tiempos han meditado en la secuencia y el significado de los muchos acontecimientos profetizados que precederían y seguirían a ese momento sumamente importante de la historia.
Hay cuatro asuntos irrefutables para los Santos de los Últimos Días: (1) el Salvador regresará a la tierra con poder y gran gloria para reinar personalmente durante un Milenio de rectitud y paz. (2) Al momento de Su venida habrá una destrucción de los inicuos y una resurrección de los justos. (3) Nadie sabe el tiempo de Su venida, pero (4) a los fieles se les enseña a estudiar las señales de la Venida y estar preparados para ella. Deseo hablar acerca del cuarto punto de estas grandes realidades: las señales de la Segunda Venida y lo que debemos hacer para estar preparados para ella.
I.
El Señor ha declarado: "Y acontecerá que el que me teme estará esperando que llegue el gran día del Señor, sí, las señales de la venida del Hijo del Hombre", señales que "se manifestarán arriba en los cielos y abajo en la tierra" (D. y C. 45:39–40).
El Salvador enseñó esto en la parábola de la higuera cuyas tiernas ramas nuevas dan una señal de la llegada del verano; "así igualmente", cuando los escogidos vean las señales de Su venida "sabrán que Él está cerca, sí, a las puertas" (José Smith—Mateo 1:38–39; véase también Mateo 24:32–33; D. y C. 45:37–38).
En las profecías bíblicas y modernas hay muchas señales de la Segunda Venida, entre ellas: - 1. La plenitud del Evangelio, restaurado y predicado en todo el mundo como testimonio a todas las naciones.
- 2. Falsos cristos y falsos profetas que engañan a muchos.
- 3. Guerras y rumores de guerra, con nación levantándose contra nación.
- 4. Terremotos en diversos lugares.
- 5. Hambruna y pestilencia.
- 6. Una plaga arrasadora, una enfermedad desoladora cubrirá la tierra.
- 7. La iniquidad abunda.
- 8. Toda la tierra en conmoción; y
- 9. El corazón de los hombres desmaya.
(Véase Mateo 24:5–15; José Smith—Mateo 1:22, 28–32; D. y C. 45:26–33).
En otra revelación, el Señor declara que algunas de esas señales son Su voz que llama a Su pueblo al arrepentimiento.
"¡Escuchad, oh naciones de la tierra, y oíd las palabras del Dios que os hizo!…
"¡Cuántas veces os he llamado por boca de mis siervos y por la ministración de ángeles, y por mi propia voz y por la de los truenos y la de los relámpagos y la de las tempestades; y por la voz de terremotos y de fuertes granizadas, y la de hambres y pestilencias de todas clases… y os hubiera salvado con una salvación sempiterna, mas no quisisteis!" (D. y C. 43:23, 25).
Esas señales de la Segunda Venida nos rodean y parecen ir aumentando en frecuencia e intensidad. Por ejemplo, en la lista de los terremotos más devastadores en The World Almanac and Book of Facts 2004 [El almanaque mundial y el anuario 2004], figura el doble de terremotos en las décadas de los años de 1980 y de 1990 que en las dos décadas anteriores (págs. 189–190); también figura un aumento considerable en los primeros años de este siglo. La lista de notables inundaciones, maremotos, huracanes, tifones y ventiscas en todo el mundo muestra aumentos similares en años recientes (págs. 188–189). El incremento, al compararlo con hace 50 años, se puede descartar al atribuirlo a los cambios en la forma de rendir los informes, pero el patrón acelerado de los desastres naturales en las últimas décadas es aterrador.
II.
Otra señal de los tiempos es el recogimiento de los fieles (véase D. y C. 133:4). En los primeros años de esta última dispensación, el recogimiento en Sión comprendía varios lugares de los Estados Unidos: en Kirtland, en Misuri, en Nauvoo y en la cima de las montañas. Aquellos recogimientos siempre fueron hacia futuros templos. Con la creación de estacas y la construcción de templos en muchas naciones con un número considerable de miembros, el mandamiento actual no es de congregarse en un lugar sino en las estacas de nuestros propios países. Allí, los fieles pueden disfrutar todas las bendiciones de la eternidad en una casa del Señor. Allí, en su tierra natal, pueden obedecer el mandamiento del Señor de ensanchar las fronteras de Su pueblo y fortalecer las estacas de Sión (véase D. y C. 101:21; 133:9, 14). De esa forma, las estacas de Sión son "para defensa y para refugio contra la tempestad y contra la ira, cuando sea derramada sin mezcla sobre toda la tierra" (D. y C. 115:6).
III.
Aunque no podemos hacer nada para alterar la realidad de la Segunda Venida y no podemos saber el momento exacto en que ocurrirá, podemos acelerar nuestra propia preparación y tratar de influir en la preparación de quienes nos rodean.
Una parábola que contiene una enseñanza importante y desafiante sobre este tema es la parábola de las diez vírgenes, sobre la cual, el Señor dijo: "Y en aquel día, cuando yo venga en mi gloria, se cumplirá la parábola que hablé acerca de las diez vírgenes" (D. y C. 45:56).
Esta parábola, que aparece en el capítulo 25 de Mateo, contrasta las circunstancias de las cinco vírgenes insensatas y de las cinco prudentes. Las diez fueron invitadas a la fiesta de bodas, pero sólo la mitad se preparó con aceite en sus lámparas cuando llegó el esposo. Las cinco que estaban preparadas entraron en la fiesta de bodas y se cerró la puerta; las cinco que habían demorado su preparación llegaron tarde; la puerta estaba cerrada y el Señor no las dejó entrar, diciendo: "…no os conozco" (ver. 12). "Velad, pues", concluyó el Señor, "porque no sabéis el día ni la hora en que el Hijo del Hombre ha de venir" (ver. 13).
Los cálculos aritméticos de esta parábola son espeluznantes. Las diez vírgenes obviamente representan a los miembros de la Iglesia de Cristo porque todas fueron invitadas a las fiestas de bodas y todas sabían lo que se requería para ser admitidas cuando el esposo llegara, pero sólo la mitad estuvo lista cuando Él llegó.
La revelación moderna contiene esta enseñanza que el Señor mencionó a los primeros líderes de la Iglesia:
"Y después de vuestro testimonio vienen la ira y la indignación sobre el pueblo.
"Porque después de vuestro testimonio viene el testimonio de terremotos…
"Y… el testimonio de la voz de truenos, y la voz de relámpagos, y la voz de tempestades, y la voz de las olas del mar que se precipitan allende sus límites.
"Y todas las cosas estarán en conmoción; y de cierto, desfallecerá el corazón de los hombres, porque el temor vendrá sobre todo pueblo.
"Y ángeles volarán por en medio del cielo, clamando en voz alta, tocando la trompeta de Dios, diciendo: Preparaos, preparaos, oh habitantes de la tierra, porque el juicio de nuestro Dios ha llegado. He aquí, el Esposo viene; salid a recibirlo" (D. y C. 88:88–92).
IV.
Hermanos y hermanas, tal como se enseña en el Libro de Mormón: "…esta vida es cuando el hombre debe prepararse para comparecer ante Dios… el día de esta vida es el día en que el hombre debe ejecutar su obra" (Alma 34:32). ¿Nos estamos preparando?
En Su prefacio a nuestra compilación de revelación moderna, el Señor declara: "Preparaos, preparaos para lo que ha de venir, porque el Señor está cerca" (D. y C. 1:12).
El Señor también advirtió:
"Sí, óigase el pregón entre todo pueblo: Despertad y levantaos y salid a recibir al Esposo; he aquí, el Esposo viene; salid a recibirlo. Preparaos para el gran día del Señor" (D. y C. 133:10; véase también D. y C. 34:6).
Siempre se nos advierte que no podemos saber el día ni la hora de Su venida. En el capítulo 24 de Mateo, Jesús enseñó:
"Velad, pues; porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor.
"Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a que hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa" (Mateo 24:42–43); "antes habría estado prevenido" (José Smith—Mateo 1:47).
"Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis" (Mateo 24:44; véase también D. y C. 51:20).
¿Qué tal si el día de Su venida fuese mañana? Si supiéramos que mañana nos encontraríamos con el Señor, ya fuese por medio de nuestra muerte prematura o de Su inesperada venida, ¿qué haríamos hoy? ¿Qué confesiones haríamos? ¿Qué dejaríamos de hacer? ¿Qué problemas o desacuerdos solucionaríamos? ¿A quién perdonaríamos? ¿De qué cosas testificaríamos?
Si entonces hiciésemos esas cosas, ¿por qué no ahora? ¿Por qué no procurar la paz mientras se puede alcanzar? Si las lámparas de nuestra preparación están casi vacías, empecemos de inmediato a llenarlas.
Tenemos que hacer preparativos tanto temporales como espirituales para los acontecimientos profetizados para la Segunda Venida; y la preparación que es más probable que descuidemos es la menos visible y la más difícil: la espiritual. Un equipo de emergencia de 72 horas puede ser de valor para los desafíos terrenales, pero tal como lamentablemente lo aprendieron las vírgenes insensatas, un equipo de emergencia de 24 horas de preparación espiritual tiene un valor más grande y perdurable.
V.
Vivimos en el tiempo profetizado "cuando la paz será quitada de la tierra" (D. y C. 1:35), cuando "todas las cosas estarán en conmoción" y "desfallecerá el corazón de los hombres" (D. y C. 88:91). Hay muchas cosas temporales de conmoción, incluso las guerras y los desastres naturales, pero una causa aún más grande de "conmoción" actual es la espiritual.
Al contemplar nuestro entorno por medio del lente de la fe y con una perspectiva eterna, vemos a nuestro alrededor el cumplimiento de la profecía de que "el diablo tendrá poder sobre su propio dominio" (D. y C. 1:35). Nuestro himno describe: "Ya la hueste enemiga se apresta a luchar" ("Juventud de Israel", Himnos, Nº 168, 2da estrofa); y así es.
La maldad que solía estar restringida a un lugar y se cubría como un furúnculo ahora se ha legalizado y se exhibe con orgullo; las raíces y baluartes más fundamentales de la civilización se ponen en tela de juicio y se atacan; las naciones rechazan su herencia religiosa; las responsabilidades del matrimonio y la familia se abandonan como impedimentos para la satisfacción personal; las películas, las revistas y la televisión, que moldean nuestras actitudes, están llenas de historias e imágenes que representan a los hijos de Dios como bestias predatorias, o en su mejor caso, como creaciones triviales que buscan nada más que el placer personal. Y muchos de nosotros aceptamos eso como entretenimiento.
Los hombres y las mujeres que realizaron sacrificios heroicos para combatir a gobiernos malvados en el pasado fueron moldeados por los valores que están desapareciendo de nuestra enseñanza pública. Lo bueno, lo verídico y lo hermoso está siendo reemplazado por lo que de nada sirve, por la indiferencia y por lo que proviene del impulso personal que no tiene ningún valor. No es de sorprender que muchos de nuestros jóvenes y adultos queden atrapados en la pornografía, en la costumbre pagana de perforarse partes del cuerpo, en la búsqueda egoísta del placer, en la conducta deshonesta, en la ropa inmodesta, en el lenguaje profano y en el degradante abuso del sexo.
Un número cada vez mayor de personas que controlan o establecen la opinión pública y sus seguidores niegan la existencia del Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob y sólo veneran a los dioses del mundo. Muchas personas en posiciones de poder e influencia niegan lo bueno y lo malo, según ha sido definido por decreto divino. Aun entre aquellos que profesan creer en lo bueno y lo malo, hay quienes "a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo" (Isaías 5:20; 2 Nefi 15:20). Muchos también niegan la responsabilidad individual y practican la dependencia en los demás procurando, como las vírgenes insensatas, vivir de cosas prestadas y de la luz prestada.
Todo esto es doloroso a la vista de nuestro Padre Celestial que ama a todos Sus hijos y que prohíbe toda práctica que impida a cualquiera regresar a Su presencia.
¿Cuál es la situación de nuestra preparación personal para la vida eterna? El pueblo de Dios siempre ha sido un pueblo de convenio. ¿Cuán bien cumplimos los convenios, incluso las sagradas promesas que hicimos en las aguas del bautismo, al recibir el Santo Sacerdocio y en los templos de Dios? ¿Hacemos promesas que no cumplimos; y somos creyentes que no actuamos según lo que creemos?
¿Seguimos el mandamiento del Señor de "…permaneced en lugares santos y no seáis movidos, hasta que venga el día del Señor; porque he aquí, viene pronto" (D. y C. 87:8)? ¿Cuáles son esos "lugares santos?". Por cierto incluyen el templo y sus convenios fielmente guardados; ciertamente incluyen el hogar donde se atesora a los hijos y se respeta a los padres; por seguro los lugares santos incluyen los puestos de deberes asignados por la autoridad del sacerdocio, incluso las misiones y los llamamientos que se cumplen fielmente en las ramas, los barrios y las estacas.
Tal como el Salvador lo enseñó en Su profecía acerca de la Segunda Venida, bienaventurado es "el siervo fiel y prudente" que esté cumpliendo con su deber cuando el Señor venga (véase Mateo 24:45–46). Así como el profeta Nefi enseñó acerca de aquel día "…los justos no tienen por qué temer" (1 Nefi 22:17; véase también 1 Nefi 14:14; D. y C. 133:44); y la revelación moderna promete que "…el Señor tendrá poder sobre sus santos" (D. y C. 1:36).
Por doquier nos rodean desafíos (véase 2 Corintios 4:8–9), pero con fe en Dios, confiamos en las bendiciones que Él ha prometido a quienes guarden Sus mandamientos. Tenemos fe en el futuro y nos estamos preparando para ese futuro. Utilizando una metáfora del conocido mundo de las competiciones atléticas, no sabemos cuándo terminará este partido y no sabemos cuál será el resultado final, pero lo que sí sabemos es que cuando el partido termine, nuestro equipo sale vencedor. Seguiremos avanzando "hasta que se cumplan los propósitos de Dios, y el gran Jehová diga que la obra está concluida" (History of the Church, 4:540).
"Por lo tanto", nos dice el Salvador, "sed fieles, orando siempre, llevando arregladas y encendidas vuestras lámparas, y una provisión de aceite, a fin de que estéis listos a la venida del Esposo. Porque he aquí, de cierto, de cierto os digo, que yo vengo pronto" (D. y C. 33:17–18).
Testifico de Jesucristo; testifico que Él vendrá, como lo ha prometido y ruego que estemos preparados para recibirlo. En el nombre de Jesucristo. Amén.
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